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¡Au!, ¡au!, ¡au! – Por José David Santos

   

Hay mucho, quizás demasiado, cinismo campando a sus anchas en nuestra querida sociedad isleña. Un cinismo, teñido en ocasiones de envidia, maldad, hipocresía y, sobre todo, amargura. Viene a cuenta una descripción tan reveladora -para mí, claro- a raíz de las críticas y burlas que alimentan muchos intelectuales patrios sobre la famosa Tenerife Lan Party (TLP), que se ha celebrado estos días en el Recinto Ferial de la capital tinerfeña. Aún sin entender el atractivo de tamaña movilización entorno a no sé cuántos gigas de velocidad para viajar por internet, entre otras muchas más cosas, comprendo la pasión que puede despertar entre miles de jóvenes una afición y un lugar común para relacionarse con otros seres humanos con las mismas inquietudes. Al aliento de la sonrisa despectiva, algunos encuadran la TLP en una especie de reunión de inadaptados sociales o frikis, palabreja utilizada para, en la mayoría de casos, describir aquello que no se entiende. Demasiado perdidos andamos si creemos que eso que atrae a tantos jóvenes no esconde algo más. Y si bien no todo es bueno, la mayoría sí. Algunos, insisto que me incluyo entre ellos, no le vemos atractivo al asunto, pero lo que está claro es que es uno de los actos más importantes que se organizan en la Isla destinado a los jóvenes. El éxito es cada vez mayor en cuanto a repercusión (dentro y fuera del Archipiélago) y no parece que haga mella en sus incondicionales -varios miles- el calificativo de frikada.
Con todo, tampoco está de más destacar, en contradicción, que es preocupante que miles de nuestros jóvenes sientan que un acto como la TLP es su gran -y único- acontecimiento socializador. Llama la atención la falta de interés de todo ese colectivo por otras actividades (aunque se vista mucho, la mayoría se siente atraído por la descarga y los juegos en red). Y ahí sí hay algo que no funciona y creo que hay que señalarlo, pero no desde una especie de autoridad y prepotencia moral o cultural. Tampoco se pueden despreciar los mundos que están alejados de los intereses de los llamados teleperos, sobre todo, por parte de aquellos que guían a tanta gente joven. La TLP está muy bien, pero no puede convertirse en una especie de dogmatismo y de “esto es lo mejor del mundo” porque el error sería mayúsculo. Nuestra juventud necesita una TLP, pero hay otras muchas cosas que también urgen, pero, claro, no tienen selfies ni se encaminan a un destino fatal en las Termópilas; o sí (¡au! ¡au! ¡au!).

@DavidSantos74