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Doctrina social – Por César Martín

   

Parece que hay un afán en la gente por dar lecciones a los demás. Los más cercanos, con sus más amorosas intenciones, siempre se han empeñado en dirigir nuestras vidas dictando lo que debíamos hacer, sirvan como ejemplo las madres con su clásico discurso de lo que te conviene y lo que no. Los amigos, con todo su cariño, también han influido en las decisiones que tomamos, convenciéndonos muchas veces de cosas que ni ellos mismos son capaces de afrontar. No son los únicos que se han preocupado por aleccionar nuestra existencia. Los educadores y maestros, con innegable voluntad de hacernos personas de provecho, exponían sus tesis sobre lo que debíamos hacer para no perder el tiempo en tonterías.

La religión, sea cual fuera el credo que nos tocó, se preocupó de dogmatizar el rumbo de nuestro camino vital, debíamos aprender a distinguir el bien del mal. Los gobiernos, garantes de la sociedad, han impuesto sus ordenanzas sobre lo que ha de ser, porque el interés común prima por encima de todo, hay que mantener el estado de bienestar. Los medios de comunicación han participado de manera decisiva en este aspecto, compartiendo la sapiencia de muchos aventajados que nos indican cuestiones que van desde mantener una vida saludable a predecir el futuro en unas cartas de tarot. Además, el avance tecnológico ha permitido que la difusión de estos contenidos vaya más allá. Las redes sociales son un excelente mecanismo para conseguir transmitir este preciado conocimiento. Una foto sugerente y una cita más o menos ingeniosa pueden cambiar el rumbo de tu vida, o al menos eso intentan. En general, la pretensión de dictar y controlar se extiende en esta sociedad de tiranos sin escrúpulos. Orden y mando disfrazados en consejos precocinados y enlatados, disponibles para consumir sin complicaciones. No hay espacios para la reflexión porque no puede existir otra verdad que la propia; el otro, el semejante, tiene que acatar lo dicho. Tal vez la revolución no está en dar un golpe sobre la mesa y gritar más alto. Lea, escuche música, respire, piense, baile, recite poesía, sienta… Escriba su propia historia. Igual ahí está el cambio.
@cesarmg78