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Ejemplaridad – Por José David Santos

   

En 2009 Javier Gomá publicó Ejemplaridad pública, un texto de enorme repercusión en su momento en el que el también director de la Fundación March desgranaba toda una teoría de la necesidad de un comportamiento ejemplar en nuestra clase dirigente, pero no solo circunscrita a lo público, que también, sino a lo privado y más allá del marco jurídico que determina qué es legal o no. Aquellas reflexiones fueron pasto de múltiples citas, reseñadas, incluso, en discursos del entonces aspirante a la Moncloa, Mariano Rajoy, o del rey Juan Carlos en uno de sus mensajes navideños. Los argumentos de Gomá son aparentemente sencillos; el gestor de lo público debe ser ejemplar en su comportamiento social y privado, puesto que es referentes para el resto de la ciudadanía; y eso le obliga, además, a ir más allá de lo que puede marcar la ley. Es decir, se puede estar cumpliendo con el ordenamiento jurídico -recibir, por ejemplo, dietas millonarias de consejos de administración de empresas públicas- pero, moralmente, no es aceptable en una situación de crisis -o sin ella-; no es ejemplar. Establecer los límites de esa ejemplaridad es lo que el ensayista entiende, por supuesto, como la labor más compleja.

En estos meses y días hemos visto cómo se le exige una ejemplaridad casi plena a los nuevos personajes que se asoman a la escena política en España. Ahí está Pablo Iglesias o Pedro Sánchez, a los que se les analiza y escruta hasta el último forro de sus pantalones para encontrarles motivos por los que desmontar, precisamente, los argumentos en los que asientan parte de sus discurso…esto es, la ejemplaridad pública (Gomá se podría hartar de pedir derechos de autor). Lo malo, lo peor, es que esa exigencia de blanca moral mana de muchos que ya han demostrado -por acto o por omisión- que no son precisamente ejemplos para el resto de los ciudadanos, ni dentro, ni fuera de la ley. Además, los que ahora pregonan, siendo recién llegados a la esfera más pública, el discurso de la ejemplaridad también caen en el error de proponer mecanismos basados en el escarnio, la venganza o el desprecio hacia los que no opinan como ellos y eso, a mi juicio, ya contamina el mensaje. Quizás, el problema es que Gomá acierta en su teoría y en su hipótesis, pero falla al no tener en cuenta que aquellos llamados a reclamar ese comportamiento ejemplar, no creen en él. Quizás, somos el país parodiado. Quizás, los que nos gobiernan, o aspiran a ello, saben que tal exigencia es vana porque nadie la practica.
@DavidSantos74