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En la calle, como en casa

   
Contenedores para envases ligeros, papel y cartón y fracción resto en la calle de La Marina.

Contenedores para envases ligeros, papel y cartón y fracción resto en la calle de La Marina.

DIARIO DE AVISOS | Santa Cruz de Tenerife

¿Qué tienen en común Pablo, Carmen, Ana y Rayco? Los dos primeros decidieron hace ya unos cuantos años unir sus vidas en una relación de pareja de la que nacieron Ana y Rayco, ambos ahora adolescentes. Los cuatro comparten un proyecto de vida en el que se mezclan el trabajo de los padres y los estudios de sus hijos; la afición de Pablo al CD Tenerife y la de Carmen al cine; la de Ana a la saga de Crepúsculo y la de Rayco a la la programación informática.

Juntos forman una de las miles de familias que residen en Santa Cruz de Tenerife. Lo de menos es en qué calle de qué barrio; si forman parte de la comunidad de vecinos de un edificio del barrio de Añaza o habitan una vieja casa terrera del pueblo de San Andrés. Para el caso, las normas de convivencia que se han dado implican una serie de compromisos que evitan que su hogar se convierta en una reproducción a escala de una selva en la que cada depredador busca a la presa de la que se alimenta. En la pequeña sociedad en la que conviven Pablo, Carmen, Ana y Rayco a la armonía se llega con actos mínimos que, de evitarse, harían de su hogar un entorno inhabitable.

Desde chicos, Ana y Rayco se educaron en la obligación de hacer su cama y recoger su dormitorio cada mañana. Lo aprendieron de unos padres que antes, y ahora, predicaron con el ejemplo. Y las zonas comunes de su casa no escapan a ciertos hábitos de cuidado que la hacen igualmente vivible. La loza se lava puntualmente, los baños se limpian y la sala no es una exposición de objetos dejados de cualquier manera.
Cuando se trata de gestionar los residuos domésticos, Pablo, Carmen, Ana y Rayco practican hábitos sencillos y repetitivos para encaminar cada desecho al destino correspondiente. En la cocina no es que sobre el espacio, pero años atrás se compró un pequeño multicontenedor para separar los restos que luego depositan en los cuatro contenedores que, a poca distancia de la puerta de casa, permiten dar un nuevo destino a las botellas de la cerveza preferida de Pablo, la revista de cine a la que está suscrita Carmen o el envase del yogur con el que Ana se desayuna cada mañana. Rayco, empeñado en que sus viejas camisetas tengan un segundo uso, acaba de descubrir la existencia de un contenedor de color azul celeste en el que las deja con la tranquilidad de que no acabarán enterradas en el Complejo Medioambiental de Arico.

Con estos y otros gestos similares con la basura que generan, nuestra imaginaria familia practica uno de los muchos ejercicios de corresponsabilidad que entienden imprescindibles para hacer de su casa un espacio habitable y de su ciudad un entorno lo más similar posible a las paredes entre las que conviven. Para ellos, tirar una colilla al suelo

-Pablo lo consiguió dejar, por fin, el último invierno-, un chicle o el envoltorio de una chocolatina es impensable. Se aplican desde siempre una máxima sencilla: Si no lo hacemos en casa, menos en la que es nuestra ‘otra’ casa.

Pablo, Carmen, Ana y Rayco no hacen bandera de estas conductas porque no quieren colgarse en la frente una pegatina de ciudadanos ejemplares, aunque alguna vez los progenitores se han visto en el poco agradable trance de afear la conducta a aquel vecino que, delante de sus narices, no se ocupó de recoger los excrementos del perro al que paseaba. Para ellos, la ejemplaridad es, simplemente, cumplir con un código de conducta que les cuesta un mínimo esfuerzo.
Carmen hizo una vez con sus hijos un sencillo ejercicio para explicarles el valor de actos que parecen ‘gotas en el océano’. Cuando tuvieron edad para entenderlo, les describió qué es un impuesto y por qué son necesarios para hacer posible decenas de servicios o infraestructuras “que no caen del cielo”, recuerda que les dijo. Con los residuos o con la limpieza de los espacios públicos “tenemos que actuar igual si queremos una ciudad ‘aseadita’ y un mundo que saque provecho a la basura que genera”. “Y si generamos menos, mejor”, le insiste ahora, a menudo, Ana.

www.santacruzlimpia.es

-Fortalecer las actividades de concienciación y formación ciudadana en el ámbito de las conductas de sostenibilidad es uno de los ejes del plan de actuación que cada año realiza el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife a través de la empresa concesionaria del servicio de limpieza viaria y recogida de residuos urbanos.
Internet es en una de las vías que el Ayuntamiento ha elegido para promover hábitos responsables en limpieza viaria y recogida de residuos urbanos. Los vecinos cuentan desde noviembre de 2012 con el dominio www.santacruzlimpia.es (además de perfiles en las redes sociales Facebook, Twitter, Youtube y Soundcloud) como herramienta de consulta y atención de quejas.

-El sitio, al que también se puede acceder desde www.santacruzdetenerife.es, no sólo recoge una amplia referencia de todos los servicios de recogida y limpieza que se prestan en la ciudad, sino que ofrece recomendaciones referidas a la corresponsabilidad. La gestión directa de los contenidos permite una actualización permanente de este espacio.

-El sitio de Santa Cruz Limpia contiene también un blog para divulgar contenidos que promuevan valores cívicos y conductas medioambientales responsables. Actualizado varias veces por semana, este cuaderno de bitácora refuerza el trabajo que se desarrolla a través de los perfiles correspondientes en las redes sociales más populares.