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Encuentro Rajoy-Mas ¿Hay más acercamiento? Pues quizá sí… – Por Fernando Jáuregui

   

Tras el encuentro entre Mariano Rajoy y Artur Mas, ¿podría decirse que estamos más cerca de un entendimiento sobre el futuro de Cataluña? No sin miedo a quemarme los dedos, y tras asistir a la hora y veinte minutos de conferencia de prensa sin tapujos, algo tensa, protagonizada por un president de la Generalitat que echó bastantes balones fuera -qué remedio le quedaba, cuando llegó con el caso Pujol candente en la maleta-, me atrevería a decir que sí. Que algo más cerca de un acuerdo, antes de que choquen los dos trenes, sí parecemos estar.

Este optimismo relativo no lo abona solamente el hecho de que los dos interlocutores pusieron sobre la mesa un paquete de veintitrés medidas negociables al margen de la consulta soberanista del 9 de noviembre -que parece ser lo innegociable-. También es que los oídos largamente acostumbrados a percibir matices en las declaraciones políticas saben cuándo las puertas se han cerrado definitivamente, cuándo casi definitivamente y cuándo permanecen entreabiertas, aunque no lo parezca. Y escuchar a Mas decir que “hay un clima de diálogo abierto”, que “estoy en la mejor disposición”, que “queremos hacerlo todo de acuerdo con la ley”, que no ha venido a La Moncloa “con un memorial de agravios, sino con un paquete de propuestas”, induce a pensar que el molt honorable president de la Generalitat no llegó a Madrid precisamente con espíritu bronco.

Y escucharle que, dado que “yo no he convocado aún la consulta, que, por tanto, el Gobierno (central) aún no la ha recurrido y que el Tribunal Constitucional, por tanto, no se ha pronunciado”, inclina a suponer que queda bastante trecho de diálogo. Y no digamos ya cuando, además, renunció a toda amenaza explícita si del alto Tribunal llega, como es previsible, un revés: “ya veremos cuando llegue el momento; ahora estamos en otra fase”.

Porque, como sugirió Mas, queda diálogo. Aunque, en principio, las posiciones sobre la consulta del 9 de noviembre sigan siendo las mismas, y niegue que haya un plan B: es decir, sobre la consulta se mantiene el “la haremos” frente al “no se hará, porque es ilegal”. Pero da la impresión de que existe algún portillo de escape a las posiciones irreductibles, e insisto en que no me refiero solamente a ese “paquete de 23 medidas” (fiscales, económicas, sociales, de infraestructuras) con el que el presidente catalán se presentó como una sorpresa en su por otra parte largamente aguardada cita en La Moncloa. ¿Dónde se encuentran los indicios que inducen al cauto optimismo? Pues, por ejemplo, en que se han terminado las bravatas, del tipo “haremos la consulta diga lo que diga el Tribunal Constitucional y diga lo que diga el Gobierno del PP”. Este no era, ahora, el tono empleado por Mas, que insistió en dos ocasiones en que él no ha planteado la independencia de Cataluña, sino, simplemente, que se vote, es decir, que se realice la consulta, y luego, en función del resultado, “habrá que volver a negociar”.

Es más: me pareció que admitía -no podía ser de otro modo, desde luego- que el clima en Europa no es precisamente favorable a una partición del Estado español, pero trató de minimizar recientes declaraciones como las de Merkel o Manuel Valls a favor de las posiciones del Gobierno de España: “Es lógico que prefieran que los estados europeos, por ejemplo, el Reino Unido, se mantengan como están, pero no interferirán en asuntos internos de esos estados”. Me pareció que todo está en eso, en un “veremos”. Y que, más pronto que tarde, habrá otro encuentro con Rajoy.

Claro que, muy probablemente, tendrá lugar tras la Diada del 11 de septiembre, que será “seguramente espectacular”, sacó pecho Mas. “Ahí verán la fuerza de la población catalana, del país”. Dio la impresión de que ese 11 de septiembre es lo que le queda sobre la mesa de negociaciones. Pero, al menos, hay mesa y eso es algo más de lo que teníamos hace, por ejemplo, un mes.