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Entrevista llamada al fracaso – Por Leopoldo Fernández Cabeza de Vaca

   

Tal y como ha sido pergeñada y vendida por el presidente de la Generalitat de Cataluña y su equipo, la entrevista del 30 de julio entre Artur Mas y Mariano Rajoy en La Moncloa está llamada a concluir en el más estrepitoso de los fracasos. Podrá el encuentro pasar a la historia, como apunta el líder catalán , porque según él habrá un antes y un después de esa fecha, ya que adoptará “grandes decisiones” y “cambios importantes”. Pero no se registrarán concesiones destacadas -se crearían agravios con otras comunidades autónomas imposibles de aceptar-, ni deben esperarse resultados si no se anula la unilateral e ilegal convocatoria de referéndum de autodeterminación, prevista para el 9 de noviembre, y se produce una rectificación en toda regla por parte del Gobierno de la Generalitat. El margen para el acuerdo es realmente estrecho.
Tal y como están las cosas, La Moncloa, que cuenta con el respaldo expreso de Pedro Sánchez, el flamante líder del PSOE a quien Rajoy recibe mañana en audiencia oficial, ha rebajado las expectativas del encuentro, aunque no hace lo mismo el entorno de Mas, que sigue con la ensoñación del Estado propio dentro de la Unión Europea cuando sabe que hoy por hoy su planteamiento estratégico, traducido en clave de oportunidad histórica para desengancharse de España, resulta sencillamente imposible y no va a ser respaldado ni por el Gobierno del Estado, ni por las instituciones multinacionales, ni por las europeas, ni por ningún país; por nadie. Ni siquiera por la mayoría del pueblo catalán.
Circunstancias sobrevenidas
Una serie de circunstancias sobrevenidas va a condicionar de alguna manera el trasfondo de la entrevista. Es el caso de la cobarde dimisión-continuación del siempre timorato Duran i Lleida. O la huida parlamentaria de Oriol Pujol tras más de un año de viajar con la imputación a cuestas. Y la publicación de las balanzas fiscales -que echan por tierra los imaginarios despojos económicos denunciados por los ultranacionalistas contra el gobierno español-. Pero, sobre todo, influirá quiérase o no el reconocimiento por parte del padre del moderno nacionalismo catalán y de CiU, el hasta ahora intocable y tenido por impoluto ex presidente Jordi Pujol, de que durante 34 años ha estado burlándose de todos, empezando por sus correligionarios y conciudadanos autonómicos, con el uso y abuso de paraísos fiscales, herencias ocultas y otras martingalas del peor estilo. No menor importancia tienen los dos manifiestos alumbrados esta semana: uno, inspirado en el Better Together antiindependencia escocés, de medio centenar de intelectuales encabezados por el Nobel Vargas Llosa, reclamando: que no haya negociación entre el Estado y la Generalitat, que se plante cara a los distintos nacionalismos y al secesionismo para que reciba “la respuesta que merece” y que no se otorguen eventuales concesiones a Cataluña; y otro, más interclasista pero de no menor altura, que demanda una reforma constitucional de corte federal basada en principios solidarios e igualdad de derechos, con una financiación justa y equilibrada, el reconocimiento de las identidades existentes en el país, la creación de una cámara territorial con competencias exclusivas y una clara determinación de competencias entre la administración central y las comunidades autónomas.
El empresariado y el mundo de las finanzas han salido también a la palestra insistiendo en la llamada tercera vía -a la que se ha apuntado igualmente Miquel Iceta, el nuevo primer secretario del PSC-, que implicaría una salida pactada entre gobierno central y Generalitat para zanjar el conflicto soberanista. Esta vía parte de una idea del presidente de la patronal catalana Fomento del Trabajo Nacional que supondría el reconocimiento de Cataluña como nación -lo que exige la reforma constitucional-, plena capacidad para organizar la administración local, competencias plenas en lengua y cultura y pacto fiscal para que Cataluña recaude y gestione todos los tributos mediante una Agencia Tributaria propia.
Dificultades del proceso
Con el 31% de los ciudadanos catalanes favorables a la independencia, el 38% partidario de un pacto y el 19% deseoso de seguir como está, desde Cataluña pero también desde Madrid, se trata de evitar un grave conflicto político bilateral, de ahí que apremien a Mas y Rajoy para que busquen puntos de encuentro. La Moncloa no ve bien algunas demandas, pero el entorno presidencial considera que Rajoy dará algún paso en favor de la distensión y el entendimiento con Mas, para dar una salida al presidente de la Generalitat.
Pero, ¿cómo dialogar con un nacionalista que se ha instalado en la radicalidad y sólo opta por la ruptura, siguiendo la cada vez mayor influencia ejercida por ERC? ¿Cómo va a aceptar Rajoy una consulta popular -tapada con el eufemismo del inexistente derecho a decidir- que llevaría a la ruptura de España y dividiría grave y profundamente a la sociedad catalana? ¿Va a consentir el chantaje de CiU, ERC y compañía de referéndum o si no independencia unilateral?
Durante más de 30 años, el nacionalismo catalán ha tejido una inmensa red clientelar, ha ido ganando voluntades para la causa independentista mediante subvenciones y propaganda, ha vendido una imagen victimista de las relaciones con el poder central, ha utilizado los medios públicos de difusión con afán sectario y antiespañol, ha ocultado una gestión desastrosa de todos los gobiernos pero especialmente de los tres últimos -como lo prueba una deuda pública que supera los 55.000 millones de euros-, ha incumplido las sentencias sobre inmersión lingüística, ha emprendido una descarada manipulación de la historia y de la realidad de Cataluña, ha tratado de arrinconar la utilización misma del castellano en la vida institucional y funcionarial y ha estado -está aún- inmerso en frecuentes escándalos de corrupción, de los que ese 3% de percepción de comisiones de obras -porcentaje que algunos elevan al 5% y aún más-, tal y como denunció el entonces presidente Maragall, es sólo la cabeza del iceberg, lo mismo que los negocios de la familia Pujol o la financiación ilegal de Convergencia y de Unió. Hay quien asegura que todas las reclamaciones independentistas no son sino un señuelo para tratar de ocultar un inmenso muladar de corrupciones y desvergüenzas del variopinto nacionalismo del Principado.
El camino recorrido
La participación de CiU en los gobiernos de González y Aznar, que se presentó como contribución responsable a la gobernabilidad de España, fue un inmenso cajón de sastre para ganar imagen y ganar cesiones, posiciones, privilegios y competencias. Se laboraba en favor del radicalismo y el secesionismo, se dedicaban enormes recursos a la vía del derecho a decidir, y, si era menester, se compraban voluntades y se tapaban escándalos como el de Banca Catalana, que implicaba al molt honorable president Pujol. La debilidad del Gobierno de Zapatero, sus concesiones al catalanismo y al soberanismo con la deriva del PSC-PSOE, el abandono de la presencia del Estado en el Principado, el dejar hacer de Rajoy y la propia crisis económica han contribuido luego, como apropiado caldo de cultivo, al aumento del sentimiento antiespañol en un despropósito al que no se ha puesto coto con determinación.
A medida que se acerca el temido choque de trenes se pretende a un tiempo el todo y la nada. El todo del arreglo imposible, dado el punto a que ha llegado la situación política en Cataluña, y la nada de las concesiones más allá de lo razonable. Mas ya no puede avanzar mucho porque ahora llegará el recurso contra la Ley de Consultas con la que en unas semanas se pretenderá vestir el referéndum de autodeterminación, que recibirá el no rotundo -ya anticipado- del Tribunal Constitucional. La respuesta catalana, según el escenario previsto, serán unas elecciones anticipadas de carácter plebiscitario como vía previa a la declaración unilateral de independencia.
Artur Mas y los independentistas están, como se esperaba, ante un callejón sin salida, ya que no habrá referéndum, ni independencia, ni nada. O pactos dentro de la Constitución, con reforma de la Carta Magna si así lo deciden los partidos, o nada que concertar. Se aplica la ley, se pone en marcha la batería de medidas jurídicas preparada calladamente desde el Gobierno durante meses y sanseacabó. Caiga quien caiga y ocurra lo que ocurra.