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El fantasma de la deflación

   
Una bajada generalizada de precios provoca que el consumidor retrase su compra a la espera de que el producto se abarate más. / EP

Una bajada generalizada de precios provoca que el consumidor retrase su compra a la espera de que el producto se abarate más. / EP

MARÍA FRESNO | Santa Cruz de Tenerife

Los últimos datos del Índice de Precios al Consumo (IPC) arrojan una preocupación generalizada, aunque aún injustificada, de una posible caída en la deflación. Cada vez que bajan los precios, a parece este fantasma que atemoriza al consumo interno y paraliza los márgenes de beneficios de las empresas.

Pero ¿qué es y por qué se produce la deflación? Se trata del fenómeno contrario a la inflación y consiste en la caída generalizada de los precios de los bienes y servicios que forman la cesta de la compra familiar. Por regla general, la causa de esta caída se debe a una disminución de la demanda, es decir, del consumo interno de una región o país. Es casi un efecto psicológico: cuando los precios bajan y bajan, los ciudadanos deciden retrasar sus compras convencidos de que las empresas continuarán abaratando los precios.

Esto lo que provoca es un círculo vicioso del que es muy difícil salir. Los precios siguen bajando y se aplazan las decisiones de consumo, lo que hace caer la demanda. Las empresas tienen que reducir los precios para conseguir ventas y como consecuencia tienen que ajustar costes, y entre éstos, recortar empleos y reducir salarios. Y si encima hay gente que se queda en paro, la demanda seguirá disminuyendo, ya que éstos también consumirán menos. Con la inflación ocurre lo contrario. El consumidor se da prisa en comprar antes de que suban más los precios.

Sin embargo, a pesar de que el pasado mes de abril, el FMI advirtió del riesgo que corría España de caer en deflación, oficialmente no se puede considerar que hayamos caído en una bajada indiscriminada de precios, ya que según el propio FMI se necesitarían dos semestres de descensos. La CEOE-Tenerife descarta por completo este hecho, aunque sí advierte que salir de la crisis con una inflación tan baja “pone en riesgo el proceso de desapalancamiento”. Su secretario general, Pedro Alfonso, explicó que la baja inflación lo que viene a indicar es la existencia de un “reducido” consumo interno que hay que solucionar. Para ello, propone medidas “preventivas” y no correctoras encaminadas al incremento de la demanda. “Una fórmula sería aumentar el gasto público eficiente para estimular la economía y, controlar, más que nunca, el gasto ineficiente”.

Cómo se calcula

-IPC. Es un indicador que refleja el coste de la vida. Muestra la evolución del nivel de precios del conjunto de bienes y servicios básicos que se consumen en los hogares españoles.

-Los productos. Se contrasta la evolución de casi 500 artículos y se recoge información de miles de establecimientos de 177 municipios.

-Artículos. Como norma general se utilizan 12 grandes grupos: alimentos y bebidas no alcohólicas, bebidas alcohólicas y tabaco, vestido y calzado, vivienda, menaje, medicina, transporte, comunicaciones, ocio y cultura, enseñanza, hoteles y restaurantes y otros bienes y servicios. Los artículos elegidos en cada grupo varían y deben ser consumidos habitualmente, tener precios fácilmente observables y garantía de permanencia en el mercado.

-Utilidad. El IPC sirve básicamente para conocer la evolución del coste de la vida a través de los productos básicos y conocer si la economía de la región o el país cae en deflación o está en inflación. Por ejemplo, si el IPC sube el 8% significa que una familia tendrá que gastar un 8% más por los productos de su cesta de la compra.

-Salario. La variación anual del IPC es esencial para la revisión de los salarios , los contratos de alquiler de vivienda o locales comerciales, las pensiones, las primas de seguros, etc. Es fundamental que si el IPC sube, por ejemplo, el salario lo haga al menos en la misma proporción porque, en caso contrario, estaríamos perdiendo nivel adquisitivo.

-Medidas a la deflación. Enfrentarse a la deflación es muy difícil. Para ello, se puede recurrir a la devaluación de la moneda, y al aumento del gasto público.

Daniel Lacalle: “Es la excusa que utilizan los Estados hiperendeudados”

El economista y gestor de fondos de inversión, Daniel Lacalle, lo tiene claro: “El cuento de la deflación es el engaño en las medias”. En el mes de marzo se dijo que los productos que conforman la cesta de la compra de una familia habían entrado en deflación, pero “si usted come equipos fotográficos (-14%), telefónicos (-12%) y joyería (-12%), efectivamente se han bajado los precios”. Viendo bien los datos, los gastos esenciales de una familia (comida, escuela, gas, electricidad y seguros) crecieron incluso una media del 3,1%. “Lo que hay en España, como en algunos países de Europa, es desinflación por sobrecapacidad. La deflación es la excusa que utilizan los Estados hiperendeudados para justificar una mayor represión financiera”. Lacalle explicó que para que se reactive la economía “se debe devolver dinero al bolsillo de los ciudadanos”. “Combatir la posible deflación desde políticas de intervención mientras se cercena la capacidad de consumo con subidas de impuestos y se sigue echando al capital inversor, solo nos llevará a agrandar el agujero que creamos en la época de la fiesta crediticia”.