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Feminismo radical canario – Por Ángel Llanos

   

El feminismo en el mundo defiende, primero y antes que cualquier otro objetivo, un fin político: que la posición de las mujeres en la sociedad, avance. Para ello, analiza por qué las mujeres han quedado sometidas a los hombres, y luego propone medidas para modificar dicha situación.
El desarrollo del feminismo ha experimentado dos grandes momentos: el primero se relacionó directamente con la búsqueda del derecho al voto para la mujer, y se produjo a mediados del siglo XIX; la obtención de eso derecho en la mayoría de los Estados occidentales generó un segundo periodo en la década de 1960, radicalizándose hacia posiciones revolucionarias (como el Movimiento de Liberación de la Mujer). Desde esa fecha, comenzó a concluirse que los enfrentamientos por el poder no podían reducirse a la lucha de clases, sino también a la de sexos; y, a mayor abundamiento, en el posmodernismo se dividieron los discursos feministas, aprobándose ciertos modelos de feminismo, como el socialista, y criticándose otros, como el liberal.

En España las primeras acciones feministas se produjeron durante el franquismo, aunque su auténtico punto de partida fueron las manifestaciones durante el Día Internacional de la Mujer de 1975 en Madrid, Barcelona y Bilbao, junto a las Jornadas feministas de Granada en 1979. Eran los años de la reivindicación del derecho al divorcio, de la creación de la Coordinadora Estatal de Organizaciones Feministas en 1977 y, finalmente, de la reclamación del aborto libre y gratuito.
Muchos autores han estudiado los diferentes modelos feministas: desde la publicación en 1792 del primer texto del feminismo moderno (Vindicación de los derechos de la mujer, de Mary Wollstonecraft) o las primeras ideas feministas que buscaban el individualismo (basándose, por tanto, en las teorías liberales), hasta el feminismo radical que proclama la reestructuración global de la sociedad, pasando por el socialista que, en la línea marxista, igualaba la subordinación de la mujer y el modo de producción del capitalismo. Desde la década de 1970 la cosa se complica con la aparición del ecofeminismo (que culpa al modelo de sociedad patriarcal de los problemas del medio ambiente), el feminismo psicoanalítico, el feminismo posmoderno como se indicaba más arriba, e incluso el feminismo negro.

No siempre es sencillo hablar de ciertas cosas. Por ejemplo, durante la avalancha de pateras hacia Europa a principios de este siglo, cualquier persona que hablara sobre el control de la inmigración sabía que iba a ser tachado de xenófobo. Hoy, las posiciones radicales hacen lo mismo cuando alguien critica un modelo determinado de políticas sobre la mujer, tildándolo de machista o de favorecer el maltrato. En ambos casos, da igual si el que ejerce su derecho a la libertad de expresión es racista o misógino o no, eso es lo de menos: el objetivo es el titular (difama que algo queda).

Las acciones feministas han sido positivas en líneas generales para el avance de los derechos de las mujeres, pero no han estado libres (como cualquier colectivo), de radicalismos que han puesto en riesgo su credibilidad, tal y como recuerda Andrew Heywood en una de sus obras: Simone de Beauvoir en El segundo sexo (1949) decía que sólo lo masculino se representaba como lo positivo; Kate Millet en Política sexual (1995), defiende abolir la familia convencional como causante de la opresión patriarcal de la mujer; Juliet Mitchell apuesta por el psicoanálisis como demostración de las diferencias entre ambos sexos, en su obra Psicoanálisis y feminismo (1974). Como últimos ejemplos radicales, basta citar a Shulamith Firestone, que en La dialéctica del sexo (1970) defiende el embarazo artificial ya que dice que la reproducción es la causa del sometimiento de la mujer; y a la importante activista Catherine MacKinnon, para quien la práctica del sexo es la causa de la opresión femenina.

Pero en Canarias, existe un caso aún mayor que los anteriores de radicalismo feminista, y es el de la directora del Instituto Canario de la Mujer (Gobierno de Canarias), la historiadora Elena Máñez (PSOE), quien defiende que se adoctrine a los jóvenes para eliminar de sus sentimientos el amor romántico. Las feministas radicales habían acusado de la desigualdad de la mujer al embarazo, a la familia y a la sexualidad; pero nunca hasta ahora al amor.

(*) EXPORTAVOZ DEL PP EN EL CABILDO
DE TENERIFE Y EN EL AYUNTAMIENTO
DE SANTA CRUZ