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Un festival excepcional – Por Leopoldo Fernández

   

El Festival Starmus, ese evento que ya ha adquirido carta de naturaleza en Tenerife, va a dar en su edición de este año un salto cualitativo de extraordinaria importancia. No sólo por su proyección científica, con la presencia de los premios Nobel Robert Wilson, John Mather y Horold Kroto, más las de los físicos de fama mundial Stephen Hawking y John Ellis, el biólogo Richard Dawkins y la antropóloga Katerina Harvati -entre un grupo de destacados hombres de ciencia que se desplazarán a la isla-, sino también por la de los cosmonautas Leonov, el primero en dar una caminata espacial, Cunningham y Duke, así como por los conciertos en directo que ofrecerá un selecto equipo de primeros espadas musicales como Rick Wakeman, Katerina Mina y Brian May. Al amparo de la cosmografía, la disciplina que se ocupa de los cuerpos celestes y sus propiedades físicas, en la que Canarias está en primerísima fila mundial, Garik Israelian, el astrofísico hispano-armenio que trabaja para el IAC, tuvo la feliz iniciativa de poner en marcha y dirigir el mentado festival que este año, en su segunda edición, incorpora un elenco de primeras figuras mundiales. Todavía puede llegar alguna celebridad entre el 22 y el 27 de septiembre, las fechas en que el nombre de Tenerife va a sonar en todo el mundo. Aquí se van a decir cosas muy importantes sobre el origen del universo y del hombre, la vida extraterrestre, los agujeros negros, los viajes por el espacio, el lado oscuro de la luna y el peligro de los asteroides, cuestiones todas que se van a poner al alcance del hombre de la calle mediante una novedosa política de divulgación y acercamiento de la ciencia espacial a los ciudadanos interesados en ella, no sólo a los profesionales de la astronomía en general. De ahí que pueda hablarse de un festival abierto a todos, hasta el punto de que algunos privilegiados podrán hacer personalmente preguntas a los sabios que, en conferencias y mesas redondas -algunas transmitidas en directo a través de Internet-, están llamados a sentar cátedra y comunicar al mundo algunos sucesos de especial relevancia para tratar de entender el aún desconocido mundo interestelar. Para Tenerife es una ocasión extraordinaria en la que colocar su nombre en todo el mundo, con el consiguiente efecto propagandístico. Pero también debe ser el punto de partida de una política encaminada a popularizar la astrofísica, ganar vocaciones para esta ciencia de prometedor futuro, intentar captar empresas de la industria espacial interesadas en instalarse en Canarias al amparo de su baja fiscalidad y sembrar las bases del llamado turismo de las estrellas, que cuenta con numerosos seguidores. En definitiva, hacer de Tenerife un referente mundial de la astrofísica.