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Fin de curso – Por Cristina Molina Suárez

   

Hasta ahora a Pedro Sánchez se le había dado el beneficio de la duda. Qué menos. Vapulear a alguien que yace herido en suelo sería vil y así se encuentra el partido que ya lidera. Todos estamos esperando a ver cómo Sánchez le carga las pilas a su partido. Lo primero, para que no haya más daños, será pedirle a Rubalcaba que cierre la puerta cuando salga. Es cierto que para las enfermedades que padece el PSOE no se puede esperar una pronta recuperación. Por ello, la primera medida que ha tomado el nuevo secretario general ha sido prematura e irreflexiva además de un craso error. Populares y socialistas europeos llegaron a un pacto, a saber, repartirse la presidencia de la Eurocámara. El pacto ya estaba forjado cuando Sánchez llegó a la secretaría general. Sin embargo, optó por desdecir la palabra dada en aquel Parlamento e instó a los suyos a votar contra Juncker (ganador de las elecciones). Y así acataron a pesar de situarles en el bloque antieuropeísta. Por si fuera poco, Cataluña cuenta también con un nuevo secretario socialista.

Miquel Iceta es partidario de la consulta del 9N. Además ha nombrado número dos a Nuria Parlon, una soberanista que “lucha por la máxima afirmación de los catalanes como pueblo que se siente nación”. Pedro se ha posicionado en contra de la consulta. Es tremendo que estemos hablando del mismo partido. Muchos no quieren entender que se trata de una consulta ilegal como la que se pretende en Canarias sobre el petróleo. Si los españoles consideramos que lo más valioso que tenemos, la Constitución, se ha devaluado y queremos reformarla, tendremos que dejarnos de arrebatos de última hora, de otoños calientes y algarabías populistas. Hasta que no caminemos decididamente por la senda de la estabilidad y la moderación, la reforma de la Constitución solo será una promesa extraterrestre de unos dirigentes con los pies sobre otro planeta.
@cristination_