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por qué no me callo >

Frida – Por Carmelo Rivero

   

Frida Kahlo, de cuya muerte se cumplían ayer 60 años, es de esos seres extraordinarios que uno habría querido conocer, y nos consuela hablar de ella y cantarle canciones, como hicimos el viernes en el Guimerá. Siempre que pude, pregunté por Frida. A Carlos Fuentes, que en Los años con Laura Díaz novela, amén de su vestigio canario y el siglo XX mexicano, los amores y desavenencias del elefante y la paloma, el matrimonio disparatado entre el orondo muralista y aquel palillo de mujer que padecía. Un match entre un peso pesado y un peso pluma, habiendo practicado Frida el boxeo como rehabilitación. Abordé también a Elena Poniatowska, que entrevistó al mujeriego Rivera, con su madre en el coche alerta. En el cuestionario proustiano de la premio Cervantes aparece esta cita de Frida: “Quizá esperen oír de mí lamentos de ‘lo mucho que se sufre’ viviendo con un hombre como Diego. Pero yo no creo que las márgenes de un río sufran por dejarlo correr”.

Y también pregunté, por último, sobre la Frida bisexual y transgresora, hoy icono feminista y publicitario, la enferma creadora que autorretrató su calvario con vestidos precolombinos y coloniales, y que reincidía en suicidarse como si hiciera el amor con la muerte, que posó para Vogue, interesó a Picasso, Kandinski y Marcel Duchamp, y era un fetiche de óleo naif bajo el espejo cenital postrada en la cama en que reía y bebía en las fiestas…, pregunté por ella a Chavela Vargas, en Tenerife, en 2006, y, ya casi nonagenaria, recordó el año inusitado que vivió con Frida y Diego, los tres en la misma casa, sin despejar las incógnitas de aquel amor. “Si me lo pide, no dudaría en desnudarme ante ella”, escribió Frida tras conocerla (se le antojó un “acostón”). Un día Chavela abrió la puerta y era León Trotski (amante de Frida), poco antes de que Ramón Mercader lo matara con un piolet por orden de Stalin. En el ConCiertoDiálogo, Dori Acosta puso el alma en los temas de Chavela y de otros sobre Frida, con Rubén Díaz, Tiago Brauna y Nacho Álvarez. Pablo Martín Carbajal (autor de Tú eres azul cobalto) dialogó con la arquitecta y diseñadora Natalia Mármol. “Espero alegre la salida y espero no volver jamás”, anotó en su diario al filo de la muerte a los 47 años. Tres décadas atrás perdió “brutalmente la virginidad” en un accidente de tráfico: un pasamanos la atravesó y le salió por la vagina. Coleccionó más de 30 operaciones y parió doscientos cuadros, pero ni un hijo: el balaustre la condenó a aborto perpetuo.