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‘Frutti de mare’ – Por Juan Pedro Rivero*

   

Es el nombre de una pizza, claro. Y a quienes nos agradan los sabores marinos suele ser una exquisitez que agradece el paladar. No son pocas las ocasiones que Dios ha recibido mi gratitud por esta maravillosa delicadeza culinaria. Pero ahora que comienza este tiempo en el que las vacaciones se colocan en el horizonte de nuestra vida social y personal, me gustaría invitarles a que aprovechen todos los “frutos del mar” que en tanta cantidad rodean nuestras islas y nos posibilitan tomar contacto con una dimensión de la naturaleza que tanto valoran y buscan quienes nos visitan aprovechando las vacaciones. El primer fruto es el sosiego y la calma. El ritmo fiel de las olas que acarician la costa y la playa. El sereno sonido de las olas que acurrucan nuestro estresado interior con su espuma. La serenidad para repensar, resituar, reubicar… tantas cosas que el ritmo ordinario nos impide contemplar con la perspectiva necesaria. Es buen fruto del mar. Un buen baño empapado en la prudente exposición al sol nos reconforta física y psicológicamente. No son pocos los expertos que nos ofrecen el rosario de beneficios que se vierten con este extraordinario y sencillo gesto de convertir nuestro cuerpo en playa o acantilado que se deja balancear por el rítmico ronroneo de las olas. Otro buen fruto del mar. El mar que se contempla y serena es siempre un recuerdo de los peligros del vivir. Sereno sí, pero al que hay que hay que respetar. Donde aparece lo sublime, de repente, por imprudencia, puede hacerse presente lo más terrible. La prudencia que genera es también un buen fruto del mar. Y, aunque hay muchos más, el último fruto que quisiera señalar nos lo ofrece el gran obispo de Hipona. Fue a orillas de una playa cuando comprendió la grandeza del misterio de Dios. La sencillez de un niño que intentaba llenar un hueco en la arena con el agua del mar -tantas veces lo hemos visto, seguro que hasta lo hemos hecho- le recordaba la necesaria apertura a lo infinito que anhela nuestro corazón. Se puede ser lector, y agradecer la lectura. Se puede uno tomar una pizza, y hacer la digestión. También se pueden pasar unos meses de verano agradeciendo a Dios la condición de isleño y aprovechando todos “los frutos del mar”.
Buen provecho. Buen verano.

*RECTOR DEL SEMINARIO DIOCESANO
@juanpedrorivero