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Fulgida luna – Por Paco Déniz

   

No sé cómo viven los fans el encuentro con sus ídolos, pero puedo explicar lo que yo sentí la única vez que he ejercido de fan. Fue en Aguere hace ya tres décadas cuando la Asamblea de Estudiantes Majoreros organizó la Semana de Fuerteventura y trajeron a la Agrupación Folclórica de La Oliva para oír cantar a Esteban Ramírez de León su versión de Fulgida Luna. Esperando a los majoreros comenzamos temprano a echarnos los copetines, y cuando entró aquel hombre pequeñito con su sombrero negro y su ropa canela se me nubló la vista de la emoción y la mazurca que llevaba encima, y me abalancé sobre él. La gente tuvo que separarme porque yo no le soltaba la mano. Cuando entonó Fulgida Luna con su deje ronco y peculiar, como si estuviera en el fondo de una cueva, alcanzamos el éxtasis. Así cumplí mi sueño de abrazar a mi ídolo y con esa simple canción aprendí a tocar el timple para hacernos inseparables.

Entonces apuntábamos las notas musicales y coplas que nos llamaban la atención en las cajas de fósforos y de Kruger para ensayarlas en la intimidad. Aquella canción y aquella voz fueron la bandera de Fuerteventura en esos años, igual que hoy la ostenta para toda Canarias Domingo el Colorao. Este lunes pasado estuvimos cantándola en mi casa en horario matutino y comentó que cuando los hijos de Esteban introducían el féretro de su padre en el nicho mientras la gente miraba con el lacrimal seco, punteó y rasgueó Fulgida Luna. Entonces, el cementerio se inundó de lágrimas. Pronto, en la nueva entrega musical de Domingo el Colorao denominada Jable, habrá una versión de la Fulgida Luna majorera, y los fans del timple podremos tocarla por ahí aunque se prohíban los cantos. No obstante, se echa en falta una reproducción digital de aquel famoso vinilo de la Agrupación de La Oliva del 77 que tanto nos cautivó y que se quedó en nuestros tocadiscos, en nuestros roperos y en nuestra memoria dura para siempre. Ahí hay una isa total de secano que cantan los hijos de Esteban pa`descanse que dice: “No ves el viento y la brisa, /jugaba con mis cabellos, / mañana en el cementerio / jugará con mis cenizas”.