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Giorgio Vasari – Por Luis Ortega

   

Arquitecto, pintor y escritor, Giorgio Vasari (1511-1574) publicó mediado el siglo XVI la obra histórica y crítica más importante del arte hasta entonces. Sus otros trabajos, localizados en los Ufizzi, convertido hoy en el mejor museo italiano, y los frescos de la catedral de Santa María de Fiore, el Palazzo Vecchio, en Florencia y la Cancillería de Roma y las numerosas telas de todos los géneros, retratos y obras de caballete, no merecieron la consideración y el elogio de sus brillantes y eruditos ensayos sobre estética. Entre ellos destacan un amplio escrito sobre Miguel Angel Buenarroti -cabeza de la Academia fundada en 1563 por treinta y seis artistas florentinos y patrocinada por Cosme de Medicis- y, por encima de todo, las dos ediciones (1550 y 1568) de sus “Vidas de los más excelentes arquitectos, pintores y escultores italianos” que, a pesar del tiempo, tiene plena vigencia en la mayoría de sus reflexiones.

Dos ejemplares de estas obras, con abundantes e inteligentes anotaciones de un pintor único, fueron las estrellas de la exposición “La biblioteca de El Greco” abierta en El Prado y organizada por esta pinacoteca, la BNE y la sociedad que canaliza los actos del IV Centenario de la muerte del cretense. [También se contó con la “Arquitectura” de Vitruvio y los textos sobre la misma ciencia de Sebastiano Serlio, con notas de su autor; títulos de Jenofonte y Apiano Alejandrino; tres manuscritos -una carta al cardenal Alessandro Farnese y los inventarios de bienes de 1614 (año de su muerte) y 1621- y nueve estampas, en su mayoría de Alberto Durero y Cornelis Fort, que le sirvieron como ideas o directas inspiraciones para plantear sus complejas composiciones, y además cinco pinturas originales que tienen la directa relación de su obra con los fondos bibliográficos -es decir, con su bagaje intelectual y sus inquietudes espirituales- que reunió en tres países; Creta, cuando la isla pertenecía a la República de Venecia; Italia y España.

La iniciativa tuvo un interés extraordinario no sólo porque completó todas las vertientes de la obra de El Greco que se enseñan en Toledo sino porque, además, nos acercó a su perfil intelectual e incluso espiritual en el sentido de que, amedrentado por el implacable ejercicio de los miembros de la Santa Inquisición, tuvo un especial cuidado en explicitar su asunción y compromiso con la doctrina de la Contrarreforma. Y, ¿por qué no decirlo?, porque humanizó a un creador cuyas ideas y peripecias personales nunca importaron demasiado a sus clientes y críticos.