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El Gobierno de Canarias pare un ratón – Por Leopoldo Fernández Cabeza de Vaca

   

Si Dios no lo remedia -y no creo que desde las alturas descienda a estos asuntos terrenales tan sucios y contaminantes-, antes de fin de mes el gobierno de Canarias va a parir un ratón. Un roedor chiquitín, artificial, falso de toda falsedad, fruto de una oportunista terapia de laboratorio. Llegará a este mundo de los vivos tras un tratamiento de choque a base de puro diseño, a la medida de las necesidades políticas del momento. Ese ratón -chiquitín, artificial, falso de toda falsedad, fruto de una terapia de laboratorio- en el que trabajan los cerebros del ejecutivo canario, con ese genio de la estrategia y la pericia que es Fernando Ríos a la cabeza, llega a la vida tocado de ala porque va a tener un mal parto y, como ocurre en estos casos, puede verse afectado su desarrollo futuro. Podía el gobierno elaborar un gigante, un titán, un cíclope; pero sabiendo que su empeño es hipócrita y de tono menor, y que sus fuerzas creadoras padecen de flojera y falta de rigor y brillantez, ha tenido que conformarse con alumbrar un mur para salir del paso, en lugar de empezar a rectificar por vía de urgencia una política sobre el petróleo que parece miope y perjudicial para los intereses de Canarias y de España.

En busca de una ilegalidad

¿Y qué forma tiene ese ratón -chiquitín, artificial, falso de toda falsedad, fruto de una terapia de laboratorio-, que llega al mundo idílico de las Islas envuelto en entusiasmos nacionalistas y socialistas? Según se dice, la cabeza se asemeja a un elemento en forma de interrogación o pregunta, el rabo resulta una réplica de la respuesta, las patas se sustentan en papeles de la Ley de Participación Ciudadana de Canarias y el tronco es nada menos que un conjunto de argucias, artificios, añagazas, tretas y extraños y pomposos juegos retóricos para engañar al pueblo, al que se toma por tonto útil.

En el proceso de elaboración de ese ratón -chiquitín, artificial, falso de toda falsedad, fruto de una terapia de laboratorio- trabajan ahora mismo, ya digo, los cerebros del gobierno, esos que con nuestros impuestos pierden el tiempo en cuestiones pedestres en lugar de dedicar sus esfuerzos a parir ideas contra la pobreza, la exclusión social, el paro, el fracaso escolar, la mejora de las carreteras y las comunicaciones, la corrupción y otras fruslerías por el estilo.

La cosa tiene bemoles porque, sabiendo que legalmente es imposible realizar en Canarias una consulta sobre asuntos en los que la comunidad autónoma no es competente, el gobierno ha decidido seguir adelante hasta parir ese ratón -chiquitín, artificial, falso de toda falsedad, fruto de una oportunista terapia de laboratorio- con el que se pretende combatir a quienes -sean particulares, grupos sociales y económicos, instituciones, etc.- se muestran favorables al petróleo y a su extracción si lo hubiere en las aguas cercanas, en tanto se ponen en marcha los proyectos pendientes de energías alternativas, paralizados durante una decena de años por la corrupción, la inoperancia, la dejadez y la desidia de las autoridades canarias.

Una consulta tramposa

¿Y qué se le ha ocurrido a la muchachada muñidora de ideas del ejecutivo autonómico para seguir cabalgando el tigre del “no al petróleo”, pese a que la energía de las islas depende de este combustible fósil en un 95% largo y que previsiblemente, durante al menos 30 ó 40 años más, así va a seguir? Pues manipular el cuerpo del ratón, es decir, retorcer la ley, actuar a modo de gran engañabobos para llevar a cabo lo que, sabiendo que no podía cumplir, prometió a todos los canarios: la realización de una consulta popular sobre las prospecciones petrolíferas. Hasta la Real Academia Española está poco menos que en situación de alerta máxima a ver qué pregunta inventa o descubre el ejecutivo canario para ponerla como modelo de imaginación creadora pero tramposa.

Los visionarios que elaboran la pregunta de la consulta popular no saben qué hacer. Unos se confiesan frustrados; otros ven imposible llevar la manipulación más allá de lo razonable; algunos más consideran imposible la preparación de una pregunta clara, de esas que invitan a decir sí o no inmediatamente. Debe ser que piensan en la frase inmortalizada por Lincoln, esa según la cual “puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo”. Y en esas estamos. Bueno, en esas y en tratar de ver cómo combina una votación en urna con otra de tipo electrónico, para que el personal elija la que quiera. Por eso hay que hacer encaje de bolillos y preparar bien el reglamento de desarrollo de la mentada Ley de Participación Ciudadana, otro embolado de marca mayor, como los dos decretos anunciados para finales del otoño, estación elegida para la celebración del referéndum.

El consejero de Presidencia, Justicia e Igualdad del gobierno canario, Francisco Hernández Spínola, sabe cómo se está desarrollando el ratón -chiquitín, artificial, falso de toda falsedad, fruto de una oportunista terapia de laboratorio-, porque va a ser él mismo quien tenga la grave responsabilidad de asistir a su nacimiento y darle el boca a boca inicial para que le llegue el soplo de vida, aunque ésta carecerá de control de legalidad y no será jurídicamente vinculante. Al final, la consulta será un simulacro, un artificio, una argucia, un engaño porque no habrá junta electoral, ni censo legal, ni nada que recuerde un referéndum de verdad.
El mensaje del miedo
Jerónimo Saavedra, Diputado del Común, ya ha advertido que “un referéndum sobre el petróleo sería inconstitucional”. Pero es igual; las autoridades canarias parecen mudas, sordas y ciegas. Esa opinión de quien fuera presidente autonómico es también la del gobierno central, que ni siquiera ha contestado la demanda del ejecutivo de Paulino Rivero para que le otorgara el correspondiente permiso a fin de poder realizar el referéndum, tal y como prevé la ley correspondiente. Es más, desde Madrid llegan noticias de que el gobierno de Rajoy no contestará porque entiende que resulta ilegal su mismo planteamiento.

¿Qué hará nuestro ratón -chiquitín, artificial, falso de toda falsedad, fruto de una oportunista terapia de laboratorio- moviéndose en aguas declaradas canarias pero que luego no son tales? ¿Qué dirá, si en realidad existe petróleo, cuando el gobierno central anuncie el alcance de la correspondiente recaudación de impuestos? ¿Seguirá el gobierno autonómico -el que toque- renunciando a la legítima parte alícuota que pudiera corresponderle y que algunos estudios previos de Hacienda cifran ya en torno a 1.500 millones de euros anuales durante los 20 ó 30 años de vida que se estima podría tener la bolsa petrolera que buscan Repsol y sus socios?

De momento, las autoridades autonómicas van a seguir engordando al ratón. A base de recursos -hoy de amparo, mañana de revisión, unas veces al Supremo, otras al Constitucional, algunas más al tribunal europeo que convenga, y así- tratarán de retrasar, ya que no pueden paralizarlas, las prospecciones petroleras exploratorias y, si llega el caso, las comerciales. Con discursos apocalípticos. Con mensajes de alarma y miedo. Con mentiras y/o medias verdades. Apoyándose en las vísceras, pero no en las razones. Hoy toca no como ayer se apoyaban en el sí incondicional – “si hay petróleo, hay que extraerlo con los ojos cerrados”, llegó a decir el vicepresidente Pérez-. El caso es actuar cual mosca cojonera aduciendo que así se defienden los intereses de Canarias, cuando a pocos kilómetros de donde pretenden pinchar Repsol y compañía el subsuelo marino Marruecos busca hidrocarburos amparado en una legislación permisiva y laxa en comparación con la de la Unión Europea.
¿Y qué va a ser de nuestro ratón -chiquitín, artificial, falso de toda falsedad, fruto de una oportunista terapia de laboratorio-, un roedor dócil, manipulable, ágil, bien organizado, corto de vista y de breve existencia, ya que suele vivir entre uno y tres años, sobre todo a causa de los tumores y la frecuente endogamia? Dependerá de cómo sea alimentado por la política y la opinión pública. De la reacción de quienes hoy están cómodamente sentados viendo el discurrir de los acontecimientos. Y de si a las pocas semanas de nacer un pinchazo deliberado, con relevo electoral incluido en la cabeza nacionalista, cosa no descartable, le lleva a la sepultura.