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González del Yerro – Por Leopoldo Fernández

   

Quienes llevamos encima una dilatada ejecutoria periodística y desempeñamos en su día puestos de responsabilidad, tuvimos ocasión de tratar a Jesús González del Yerro. Para mí, ha sido, sin duda, el mejor capitán general de Canarias de los últimos 40 años. Ejerció sus responsabilidades entre diciembre de 1978 y agosto de 1982 y acaba de morir en Madrid a los 97 años. Guardo de él un recuerdo entrañable por su caballerosidad, profesionalidad, honradez, acendrado patriotismo y -esto afecta más al territorio de lo privado, pero lo cito porque era un rasgo esencial de su personalidad- sus profundas convicciones religiosas. Padre de diez hijos y curtido en la disciplina de la Legión y la División Azul, llegó a Canarias en los convulsos años de terrorismo del MPAIAC, con repetidos atentados, entre otros el que en La Laguna costó la vida al artificiero de la policía nacional Rafael Valdenebros. Con perspicacia y sentido de la oportunidad, González del Yerro consideraba imprescindible integrar plenamente a la milicia como una parte más de la sociedad, no como elemento separado, así como formar y difundir la idea de que la defensa nacional es responsabilidad de todos, no sólo de los uniformados. Con esa idea puso en marcha el Seminario Cívico-Militar, una iniciativa que también estimuló el entonces rector de la Universidad de La Laguna, Antonio Betancourt. A lo largo de cuatro ciclos, que lamentablemente terminaron en 1984, especialistas peninsulares y canarios en cuestiones de defensa, economía, transportes y distintos aspectos de la vida isleña -en total 144 civiles y 161 militares- aportaron, a través de ponencias y conferencias impartidas en todas las Islas, análisis rigurosos y originales propuestas sobre los principales problemas de Canarias. Y establecieron además fecundas y sinceras relaciones personales y profesionales entre las fuerzas armadas y la sociedad canaria a través de sus principales y respectivos responsables. De ese seminario, que dirigió con diligencia y eficacia el general Ascanio Togores, han quedado ideas y sugerencias que 30 años después mantienen su vigencia. González del Yerro, tenido erróneamente por un militar duro y proclive a intervenir en política, jugó un papel clave en la intentona golpista del 23-F al mantenerse leal al orden constitucional y negarse tajantemente a secundar a los militares rebeldes, empezando por su amigo Milans del Bosch. Era el militar en activo de mayor prestigio en aquellos años y la gran esperanza de los sublevados; pero gracias a su sentido del deber, como consta en las actas del consejo de guerra que juzgó a los golpistas y como yo mismo pude constatar, se evitaron males mayores. Eso le debemos en esta hora del adiós.