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Guerras – Por José David Santos

   

Todas las guerras, todas, son crueles, injustas y desatan en el ser humano su lado más salvaje. La barbarie se impone a la razón y los argumentos para defender una guerra como solución a un problema de aquí o de allá creo que la naturaleza humana ya debería ser capaz de anularlos. Pero no. Las razones son como del medievo, ojo por ojo, diente por diente, peleando por la tierra ajena o propia como si una raya marcara un insoldable motivo para asesinar al prójimo. Oriente Medio vive, de nuevo, embarrado en una guerra desmedida en la que la sinrazón impera, en la que niños palestinos mueren bajo los bombardeos inteligentes (sic) de un ejército israelí inmisericorde que no hace más que alimentar un odio hacia el estado hebreo, un pueblo que, a su vez, vivió un genocidio brutal.

La comunidad internacional mira hacia otro lado, y no es la primera vez (aún hay, por ejemplo, ecos de dolor en Bosnia o Ruanda). Los intereses -ya uno no sabe cuáles son, pero seguro que los hay- de las grandes potencias, ya sea en forma de corporaciones empresariales o estados, no están en peligro y por eso la libertad de actuación de Israel es enorme. Enfrente, Hamás clama venganza y lanza proyectiles con un efecto mucho menos devastador, pero que sirven de excusa para la retórica de la defensa de los conciudadanos de Tel Aviv o cualquier territorio israelí.

No todos en Israel piensan igual y es injusto demonizar a todo un pueblo que ya de por sí ha sufrido un antisemitismo casi universalizado. Son muchas las voces que se alzan en contra de la masacre de palestinos y la actitud del gobierno de Netanyahu. Pero los hay que también defienden su actuación (dentro y fuera de Israel) porque “los otros son peores”. Desconozco quiénes son esos “otros”, porque el odio y el horror no distingue bondades en los bandos de una guerra, pero, de lo que sí estoy seguro es que ninguno de ellos era una niña de cinco años sobre cuyo cadáver un padre lloraba sin consuelo en un callejón de Gaza. Vaya mierda de mundo. Nada justifica algo así, aunque desde la ONU, pasando por los gobiernos de medio orbe, argumenten mil y una vez que la respuesta al conflicto es “compleja” o que “las dos partes deben ceder”. De momento, la única que ha cedido, gustosa, es la vieja de la parca, que sigue contabilizando cuerpos y llantos en su macabro listado.

@DavidSantos74