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El Hierro y Loyola – Por Isidoro Sánchez García

   

Hay palabras clave en la vida de los pueblos que conviene dejar escritas para mantener viva la memoria. Hablo de El Hierro, Garoé, Tadeo, Zósimo, Loyola, energía, océano, agua, sol, viento, ingeniería, electricidad y petróleo. Hablo de una isla situada en el poniente del archipiélago de Canarias, Reserva de la Biosfera desde el año 2000, que fue Meridiano Cero y está alongada sobre el océano Atlántico; que no supera los 280 kilómetros cuadrados ni los diez mil habitantes, y tiene 1.500 metros de altura, tres municipios y unos recursos naturales que la hacen única en el mundo, uno geológico y otro vegetal: La Gorona y El Garoé. Uno encima del otro, físicamente hablando en relación al paisaje protegido de Ventejis. El árbol por encima de la caldera, en un mix geología-geografía-naturaleza donde el árbol sagrado de los bimbaches, el Garoé, es el eje referencial de la Ruta del Agua. La fecha del 27 de junio de 2014 quedará marcada en las páginas de la historia de la isla de El Hierro por varias circunstancias. En especial por la inauguración de la central hidro- eólica-eléctrica de La Gorona, fruto del trabajo de hombres y mujeres que creyeron desde el principio en las energías generadas con fuentes renovables. Sin embargo, aún hay gente escéptica en reconocer El Hierro como la primera ínsula del globo en ser energéticamente autosuficiente a partir de energías renovables. Lo mismo pasó con el caso de Garoé cuando captaba agua suficiente para abastecer a la poca población isleña, en los siglos XVI y XVII, hasta que un temporal de viento en 1610 acabó con el árbol herreño. Hay que rebuscar en los anales de la historia para encontrar referencias al prodigio natural del Garoé, como escribiera Alonso de Ercilla en La Araucana cuando fue para el cono sur y conoció los vientos del océano Pacifico soplando sobre los Andes. Habría que preguntarle a Tadeo, que aún vive, sobre la aplicación del fenómeno del Garoé en Ventejís y en los montes de La Dehesa y Cruz de los Reyes, con Bartolo y Zósimo de protagonistas.

Del apoyo a La Gorona hay que citar a una mujer que captó la importancia del proyecto industrial lanzado por instituciones canarias como el Cabildo herreño (léase Tomás Padrón) y el ITER tinerfeño (Ricardo Melchior), entre otras. Me refiero a la recordada Loyola de Palacio, comisaria en la Unión Europea, que se enamoró de El Hierro cuando descubrió los fondos submarinos del mar de Las Calmas, antes de la erupción del volcán frente a La Restinga, y conoció la historia migratoria de los herreños hacia Cuba, ya que sus antepasados vascos también marcharon a la isla grande del Caribe para diseñar proyectos hidráulicos en los ingenios azucareros de Sancti Spititus y Cienfuegos, donde seguro que trabajaron muchos canarios. Como escribiera Eduardo Galeano para el día 27 de junio: “Todos somos culpables”.