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Higiene y cultura – Por Rafa Lutzardo

   

Seguramente este artículo no le gustará a muchas personas, pero bien poco me importa, pues cada vez que subo al tranvía el estómago se me revuelve en ver cómo muchas personas no tienen reparo o pudor a la hora de saber respetar a los demás, especialmente cuando ponen sus sucios calzados sobre los asientos de un transporte público que utilizamos miles de personas cada día. El tranvía se ha convertido en un medio de transporte público importante para muchos isleños, sobre todo los que viven en Santa Cruz y La Laguna. También, como medio de cotilleo a través del los teléfonos móviles. “¡María, tú sabes que el perro del vecino orina todos los días en la puerta de la entrada de mi casa…!”. Otra: “¡Lola, mi nuera ya me tiene cansada. No hace nada. Todo el día esta acostada viendo la tele. Esta tarde le digo que se mande a mudar de mi casa…!”. Por otro lado, el diálogo entre personas prácticamente no existe en el interior del tranvía, ya que la mayoría de los usuarios llevan los cascos puestos, escuchando música o jugando con los videojuegos de sus respectivos móviles o tableless. Otros, los antihigiénicos, con los pies sobre los asientos. Les importa bien poco que sus sucios calzados estén pringados de grasas o chíqueles. Sinceramente, es cuestión de cultura y de escalas de valores. Es una pena que un gran número de personas de los distintos sectores sociales de la sociedad isleña no tengan conciencia del valor de las cosas y el respecto hacia ellas. ¿Pero quién les dice nada…? Encima te insultan. Ya es hora y momento, que los responsables de Metropolitano de Tenerife Sociedad Anónima (MTSA); tomen decisiones contra todas aquellas personas que no sepan respetar las instalaciones interiores del tranvía. Es recomendable poner información seria y comprometida con el servicio que se ofrece a los usuarios. Por ejemplo: ese cartelito que esta en el interior del tranvía que dice: “Oye, no seas mamut”. Me parece una verdadera horterada y falta de respeto a todas aquellas personas que cada día deciden utilizar el tranvía. Si se multa por no pagar o validar el bono obligatorio también deberían sancionar a todos aquellas personas que no respetan el inmobiliario interior del tranvía. Hemos evolucionado a pasos agigantados, pero también hemos perdidos escalas de valores de manera preocupante.