X
rincón legal>

Huelguista, no delincuente – Por Agustín Casanova

   

Hace días oí a un economista, neoliberal por supuesto, criticar la reforma laboral. Se quejaba de que no se hubiera aprovechado para “sacar de las empresas al lobby sindical”, refiriéndose a los comités de empresa y secciones sindicales. Basta con sintonizar cualquier cadena del TDT party para ver el furibundo ataque que hacen a los sindicatos, llegando alguno de sus contertulios a compararlos, como ya es habitual, con ETA. Para entender el porqué de tanto odio hacia los sindicatos, debemos saber que para estos personajes la izquierda es la culpable de todos los males de la humanidad. A mediados del siglo XIX, los trabajadores comienzan a organizarse en Inglaterra ante las pésimas condiciones de vida en que la revolución industrial los había sumido, y los movimientos obreros comienzan a extenderse por Europa, creando años más tarde la Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT) o Primera Internacional, con la aportación ideológica de Marx y Engels, por un lado, y el anarquista Bakunin por el otro. Diferencias ideológicas en estos movimientos provocan la escisión y la creación de la Segunda Internacional. Más tarde, tras la Revolución Rusa, la Tercera Internacional, dirigida por Lenin. Y por último, se ideó la Cuarta Internacional, liderada por Trotsky. Este es, brevemente, el germen ideológico del sindicalismo y los partidos obreros. A ellos y a su lucha y presión se deben logros para los trabajadores tales como la limitación de la jornada laboral, la prohibición del trabajo de los menores, las vacaciones, la protección por desempleo, la jubilación, los seguros de accidentes, educación, sanidad, etc. Cuanto más fuertes han sido los sindicatos y movimientos obreros, mayores han sido los logros en favor de los trabajadores, y la fortaleza de un sindicato son los trabajadores que lo apoyan, nada más. Su instrumento más contundente es la huelga, que además es un Derecho Fundamental, recogido en la Constitución en el artículo 28.2. Han sido ya muchas las declaraciones de miembros del gobierno y del PP en que manifiestan la necesidad de la limitación del Derecho de Huelga, y, en un paso más de esta estrategia, ahora toca amedrentar a los trabajadores que participan en las huelgas con penas absolutamente desmesuradas. Y para que juzguen ustedes, dos casos: un empresario emplea a un trabajador inmigrante, sin contrato, que pierde un brazo en un accidente laboral, lo abandona en la puerta del hospital y tira el brazo a la basura: dos años de cárcel. Dos trabajadoras por arrojar, supuestamente, un bote de pintura en una piscina, durante una huelga general: tres años de cárcel.

abogado.casanova@hotmail.com