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el almendrero de nicolás>

Humillaciones – Por Paco Déniz

   

La tertulia vecinal de las siete de la mañana en el barítimo del barrio siempre está salpicada de malas noticias. El parte nos va informando de todas las calamidades habidas y por haber, aunque no todas tienen el mismo tratamiento informativo. Depende mucho del tema en cuestión, y me gustaría decir que del periodista o de la cadena, pero ya todas trabajan con el mismo pack ideológico. Así, lo de Brasil fue una humillación, pero no se refería a la pobreza extrema de una inmensa población (pues mayoría o minoría, es inmensa, en su forma y en su maldición), no se refería a las violaciones, asesinatos, tráfico de niños y de órganos, destrucción de la Amazonia perpetradas por grandes hacendados y mafias diversas con corbata y sin ella. Tampoco hablaba del incremento de la demanda social por una mayor distribución de la riqueza en esta fase de transición y crecimiento carioca. La humillación tenía que ver con un partido de fútbol que perdieron unos millonarios de brazos escritos y garabateados que habían nacido para ser los mejores. Nadie les dijo que el tópico del jogo bonito acabó con la quinta de Sócrates y Zico, y que, desde entonces, ya todo es igual y monótono.

A continuación sigue el parte salpicando nuestra tertulia con el bombardeo judío sobre la población palestina, pero no es una humillación, ni un genocidio, es una operación de castigo. Por lo viso hay pueblos que merecen ser castigados. Otros no. No hay asesinatos, sino muertos, y nada se dice de que el mundo está hasta los mismísimos de soportar la impunidad del exterminio judío sobre los palestinos y árabes. Pero para la prensa es un castigo sobre los islamistas de Hamás, lo otro son daños colaterales. Y todavía quieren que alguien les crea sus mentiras de agencias internacionales controladas por la banca norteamericana. Y nuestra tertulia comienza a salpicarse de sangre, de asaduras, de niños, de impotencia, y entonces me acuerdo de que la ONU no manda allí cascos azules, aunque sea para aparcar los jeeps en la puerta del mejor hotel de la ciudad como hacen en el Aaiún o en Dajkla. Aunque sea para eso, fíjate lo poco que pedimos. Pero claro, pedirle eso a la ONU es como pedirle a la prensa televisiva una dosis de inteligencia y honor.