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El impulso a las familias – Por Antonio Alarcó

   

A principios de esta semana conocíamos los datos de 2013 difundida por el Instituto Nacional de Estadística sobre demografía. En todo caso, los números no son muy halagüeños para nuestro país que disminuyó su población en 220.130 personas, más del doble que el año anterior, y además de difícil solución porque el hueco demográfico es muy difícil de rellenar.

La cuestión de la demografía constituye uno de los problemas fundamentales de la sociedad española. Y decimos esto porque el problema del envejecimiento de las poblaciones aparejado al hecho de la escasa natalidad, trae consigo no solo la puesta en marcha de una enorme labor de ingeniería social sino una dependencia irrenunciable de la inmigración para garantizar la sostenibilidad de un país.

Y no es que la inmigración sea mala, más bien todo lo contrario, pero comprometer el desarrollo socioeconómico de un país a los variables flujos migratorios es tener sobre nosotros la espada de Damocles de la dependencia y la incapacidad de previsión económica fundada en una autosuficiencia poblacional. Ese es, sin duda, el riesgo de la llamada “dictadura de la demografía”.

Si a esto le añadimos que el número de nacimientos ha caído en 2013 hasta los 425.390, un 6,4 por ciento con respecto al año anterior y continúa con la tendencia negativa que se registra desde hace cinco años, la situación se torna aún más complicada.

La estadística Movimiento Natural de la Población e Indicadores Demográficos indica que la población envejece y se reduce sin que se produzca el número de nacimientos necesarios para que tomen el relevo y mantengan la sostenibilidad del llamado Estado de Bienestar.

Muchos son los analistas que nos alertan de que la medidas estructurales que los gobiernos toman para el equilibrio y la sostenibilidad de las pensiones serán insuficientes si no van aparejas de un incremento poblacional, con un número mayor de nacimientos que garantice la adecuada provisión de fondos al Estado.
Queda claro que España necesita de acciones que ayuden a fomentar la natalidad. Es por ello por lo que el Gobierno de la Nación ha incluido medidas de impulso a las familias en la reforma fiscal, pues se bajan los tipos impositivos, se aumentan las deducciones por circunstancias familiares y se crean unos nuevos instrumentos de equidad que suponen menos impuestos y un subsidio para las familias con necesidades especiales: las familias numerosas, las familias que tienen a su cargo algún hijo con discapacidad y las familias en las que hay personas mayores con discapacidad.

Todas ellas recibirán, al menos, 100 euros al mes durante todo el año, que podrán cobrar de forma anticipada y que es una ayuda acumulable. Es el mismo mecanismo que se utiliza en el caso de las mujeres trabajadores con hijos menores de tres años, que se seguirá manteniendo, o que tienen una exención anual de 1.200 euros en la declaración de la Renta.

Las familias numerosas con tres o más hijos también tendrán derecho a esta ayuda, o aquellas que tengan dos hijos pero uno de ellos presente una discapacidad del 33%. La medida se extenderá a las familias numerosas de categoría especial, con cinco o más hijos, o aquellos hogares con cuatro hijos y al menos tres por parto o adopción múltiple.

También se considera subir los mínimos por descendientes y ascendentes. Así por el primer hijo aumenta de 1.836 a 2.400; por el segundo de 2.040 a 2.700; por el tercero de 3.672 a 4.000 euros; y por el cuarto de 4.182 a 4.500 euros.

No sólo con esta reforma fiscal el Gobierno de España ha mostrado su preocupación por las familias. De hecho ya se puso en marcha desde años el Plan Concilia, que incorpora medidas como los permisos por motivos de conciliación de la vida personal, familiar y laboral, y que fueron incorporadas al Estatuto Básico del Empleado Público.

No hace falta recordar que lo primero tuvo que hacer el Ejecutivo fue evitar la quiebra de España. Ahora, con la mejoría de los datos económicos es el momento de recuperar la economía de las personas con medidas que pasan, irrenunciablemente, por el fomento de la natalidad y por la protección decidida de todas las edades por las que pasa el ser humano en el marco de la familia como unidad económica y social de primer orden junto con el concepto de Nación.

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