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Un italiano se encadena en los Juzgados de Arona para denunciar el “rapto” de sus dos hijos

   

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Michele Sari, en el centro, junto a sus padres / GERAD ZENOU

NORBERTO CHIJEB | Arona

Michele Sari, un italiano de 45 años, se encadenó esta mañana en la puerta de entrada de los Juzgados de Arona, acompañado de sus padres, para pedir la devolución de sus dos hijos, Cristina y Andreas, de 15 y 11 años de edad, que según él han sido “raptados” por su madre, austriaca de origen rumano, y que presumiblemente se encuentren en Bucarest, donde viven los suegros del denunciante. Sari comenta que “seguiré aquí encadenado hasta saber algo de mis hijos, hasta que la Justicia actúe”.

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El mensaje de Andreas, el hijo menor, dos días antes de la denuncia / GERAD ZENOU

Sari, que lleva cinco años residiendo en La Caleta de Adeje, denunció la desaparición de sus hijos el pasado 21 de junio, dos días después de que el hijo menor le dejara una escueta nota en una agenda de mesa, en la que dibujó un barco y un avión con la expresión “bye, bye, dad” (adiós, adiós, papá), el mismo día que la madre vendió el coche familiar. Desde entonces, Miquele Sari, ha visto como su denuncia ha pasado por los juzgados sin tener una repuesta, por lo que tomó la decisión de encadenarse a la espera de una respuesta, habiendo dejado claro en la primera denuncia interpuesta en la Policía Local de Adeje, que “mi mujer sufre de problemas psicológicos”, relatando que hace un año se llevó a los niños a Austria durante quince días y forzaron a la madre a regresar a Tenerife, donde están escolarizados desde que esta pareja llegara de Nueva Zelanda.

Sari añade que “nos fuimos a Nueva Zelanda porque no le gustaba vivir en Italia y a los dos años y medio decidió que tampoco le gustaba vivir allí, trasladándonos a Tenerife”. “No he tenido problemas con mi mujer -comenta- solo los habituales de pareja, pero ella necesita ayuda y no lo sabe, se cree siempre la mejor y el resto le molesta”, afirma Sari, quien además denunció que uno de sus hijos le confesó hace poco al médico de cabecera que “mi madre me ha amenazado con un cuchillo”.