X
la punta del viento >

La jugada de ajedrez – Por Agustín M. González

   

Antonio Massot era de esas personas especiales que cuando te la tropiezas en la vida te dejan huella en la memoria y en el corazón. Yo le conocí ya de mayor, octogenario y lastrada por la enfermedad, pero con una mente ágil y brillante como pocas he conocido en mi vida. Catalán de cuna pero canario de sentimiento y universal de vocación, coincidíamos casi a diario a la hora del almuerzo en el desaparecido Oasis Centro de Puerto de la Cruz, y allí compartíamos tertulias y anécdotas entre platos combinados. Oir a don Antonio era un placer. Sus charlas parecían clases magistrales. Era un hombre sabio, por inteligente y por experimentado. Eso le permitía ser radical en muchos aspectos, intransigente con los ineptos, implacable con las injusticias. Tenía personalidad y carácter. Decía las cosas a la cara y sin tapujos, lo que le granjeó mucho respeto y admiración y también algún enemigo agazapado. Con gran vocación de servicio público, pero sin el menor deseo de cargos ni prebendas, ostentó importantes responsabilidades políticas en el ámbito orgánico del PSOE en Canarias.

Fue un líder interno, un estratega consumado. Además, triunfó como empresario con un próspero negocio de restauración en los mejores años del gran Puerto de la Cruz turístico. Era una teórico genial que sabía llevar a la práctica sus ideas innovadoras. Nunca he olvidado, especialmente, uno de los consejos de Massot: “Cuando tengas que tomar una decisión importante, piensa en la jugada del ajedrez. Piensa no solo en cuál va a ser la consecuencia directa de tu decisión, sino también en las consecuencias posteriores que provocará; como hace un jugador de ajedrez”. Es una gran lección que me regaló don Antonio Massot y que siempre llevo en mi mochila vital. Efectivamente, solemos pensar solo en la inmediato y muy pocas veces somos capaces de actuar con visión de futuro. Estos días me acordé de don Antonio al leer la noticia de la inauguración de la central hidroeólica de Gorona del Viento, en El Hierro, un proyecto revolucionario que permitirá a la Isla autoabastecerse de energía limpia y convertirse en un territorio sostenible. Y un modelo a escala mundial. Detrás de esa gran idea e hito histórico de los herreños, está un hombre menudo e inteligente -como mi recordado Antonio Massot-, que hace treinta años supo ver la jugada de ajedrez del futuro de su isla. Tomás Padrón, expresidente del Cabildo de El Hierro, no sé si será un gran ajedrecista, pero conozco pocos políticos que hayan hecho mayor servicio a su tierra y a sus paisanos.