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El León Daoíz – Por Luis Ortega

   

Nunca hubiera imaginado el teniente de artillería Luis Daoíz, héroe del 2 de mayo madrileño, que su apellido navarro bautizaría a uno de los leones que flanquean el pórtico del Congreso de los Diputados; y, menos aún, que la carencia de atributos masculinos del imponente felino abriera una dilatada controversia entre los divulgadores de la ostensible anomalía y promotores de la restitución (Canal de Historia) y las instituciones que, tras pasarse la pelota, alegaron motivos y directivas patrimoniales para dejar las cosas como estaban. Lo cierto, amigos, es que si en la Carrera de San Jerónimo topas con un castizo sin prisa te meterá, con su gracia y sorna, en un asunto pintoresco que aún suelta tinta y alivia humores. Pero no te prives de observar la fiera castrada, dicen que en su origen -en la fundición sevillana de Santa Bárbara- por decisión o error del escultor Ponciano Ponzano que, en 1865, utilizó el bronce de cañones aprehendidos por el ejército español en la batalla africana de Wad-Ras y que falleció tras el encargo que, paradójicamente, ahora le reivindica de su secular olvido. La directora de la cadena temática, Carolina Godayol reveló que fue un blog quien les puso en la pista de la fiera eunuca y, después de una concienzuda investigación y múltiples consultas a eruditos en historia y arte, efectuadas desde agosto de 2012, “llegamos a la conclusión de que no existía razón biológica, histórica, estética o de cualquier otra naturaleza que pueda justificar la ausencia del sacro escrotal y de esos fundamentales elementos de la anatomía”.

En consecuencia y con voluntad reparadora, “se ofreció la implantación de unos órganos masculinos – modelados y vaciados por los hermanos Eduardo y Fernando Capa – al Ayuntamiento de la Villa, la Comunidad y al propio Congreso”; la Comisión de Peticiones de la cámara derivó la propuesta, valorada en tres mil euros, al Ministerio de Educación y Cultura que, a finales de junio, la desestimó “por respeto a las líneas de actuación sobre bienes de interés cultural y para evitar posibles efectos dañinos sobre la obra original”. Con corteses argumentos y pretextos, agradeció la iniciativa “por su carácter desinteresado y afán enciclopedista” pero optó por el consejo cervantino: mejor no meneallo. Así pues que Daoíz se queda con su tara y los gatos, tan dados a la comparación, citarán al Caballo de Espartero por tanto y al León de las Cortes por tan poco. Al fin, la diversidad y el contraste es la clave de la Viña del Señor.