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Los líderes que merecemos – Por Saray Encinoso

   

Los militantes socialistas no habían terminado de meter las papeletas en las urnas y media España ya estaba criticando la elección de Pedro Sánchez como nuevo secretario general del partido. Algunos le encontraron demasiado talante y otros -muchos- lamentaron que el elegido se hubiera colocado demasiado cerca del centro y no tan a la izquierda como habría sido deseable. Seguramente pensaban en Podemos como si la ideología, y no la frustración, hubiesen sido el detonante de su éxito. Casi nadie habló, sin embargo, de la verdadera tragedia socialista: a cuánta distancia estaba este líder incipiente y sus compañeros de partido de los valores socialdemócratas.

El critiqueo es casi el deporte nacional en este país, pero las consideraciones sobre la ubicación ideológica del heredero de Alfredo Pérez Rubalcaba -con independencia de su perfil- son, así y todo, sorprendentes. El madrileño superó con creces a sus dos adversarios porque así lo quiso la mayoría de los miembros de su partido. La democracia es maravillosamente contradictoria: el otro tiene tantas oportunidades de ganar como el nuestro. Tenía razón Sánchez cuando, para acallar a los díscolos, dijo: “Estaré tan a la izquierda como lo esté la militancia”. Los líderes se deben a sus seguidores y son ellos los que tienen que marcar la hoja de ruta.

Vivimos tiempos en los que encontrar referentes a los que aferrarse es extremadamente complicado. El ascenso de Sánchez nos demuestra, no obstante, que la mayoría de las veces los líderes son solo una versión mejorada de nuestro yo. Nos pasamos la vida esperando que llegue alguien que, no sabemos cómo, emprenda una transformación que somos incapaces de imaginar, pero que estamos locos por secundar. A veces nos contentamos con gestos -Sánchez ha pedido a los eurodiputados socialistas que no voten a Juncker en la Eurocámara con la esperanza, eso sí, de que gane sin sus votos- y otras veces necesitamos mucho más que símbolos.

Los gestos son necesarios, pero yo, a estas alturas, necesito sobre todo hechos. Por más tiempo que pase, la ejemplaridad pública es la mejor ideología que conozco. Es la única forma de liderar lo que sea: un partido, una familia, un trabajo. Sin ella, pocas cosas tienen sentido.
@sarayencinoso