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Lo que pudo ser y no fue

   

DIARIO DE AVISOS | Santa Cruz de Tenerife

Son ya muchas las experiencias fallidas que el fútbol español ha conocido sobre la compra de clubes por parte de magnates multimillonarios o grupos inversores extranjeros, una circunstancia en la que ahora se ve envuelto el CD Tenerife gracias a la supuesta oferta del empresario germano Stefan Wierig.

Nombres como los de Dimitry Piterman, Ali Syed o Al-Thani producen escalofríos solo al escucharlos a los aficionados de equipos como el Racing de Santander, Deportivo Alavés o Málaga. Todos llegaron como grandes salvadores de esos clubes, pero provocaron un destrozo mayor incluso del que se encontraron a su llegada.

Uno de los pioneros fue el ucraniano Dimitry Piterman, quien llegó a España en 1991. Se instaló en tierras catalanas para hacerse con el Palamós de forma paulatina y llevarlo a la Segunda B. En el 2002 trató de comprar el Badajoz, sin éxito. No contento con ello, se marcó cotas más altas, llegando primero al Racing de Santander en enero de 2003 y luego al Deportivo Alavés en 2004. En Santander y Vitoria, Dmitry jugó a ser presidente, entrenador, preparador físico y fotógrafo. A día de hoy, el paradero de este polémico emprendedor del Este es completamente desconocido. Hace ya unos meses fue condenado a devolver los casi 7 millones de euros que se llevó de las arcas del club vitoriano y propiciaron su inmersión en concurso de acreedores. Ni en Santander ni en Vitoria le guardan cariño.

Lo peor es que en Santander son reincidentes. Lejos de aprender la lección, luego se dejaron engañar por el empresario indio Ahsan Ali Syed, quien llegó cual salvador del club del Sardinero. Nada más lejos de la realidad. Con la promesa de rescatar al Racing y colocarlo a la altura de los clubes ricos de España, el indio se hacía cargo de la deuda, que respaldaba con una fortuna de unos 8.000 millones que él mismo cifraba. Pagó parte de la deuda a los acreedores del club para evitar la desaparición del mismo, pero pronto toda la ilusión y las promesas se desvanecieron. Los jugadores denunciaron el reiterado retraso en los pagos de sus nóminas, del igual modo que hacienda no recibía la cantidad estipulado en un calendario de pagos creado por el propio empresario. El resultado económico fue un fraude por valor de 72 millones de euros. Este empresario también desapareció y dejó al equipo hundido en lo deportivo. Ahora el club cántabro resurge y la próxima temporada de nuevo volverá a jugar en el fútbol profesional.

El último en amenazar con poner pies en polvorosa es Al Thani del Málaga. Es cierto que el jeque ha generado los mejores años en la historia del equipo de La Rosaleda. Pero la inversión de Al-Thani, miembro de la familia real qatarí, en el cuadro andaluz va inseparablemente unida a sus negocios con el ladrillo. Si lo segundo es productivo, el Málaga puede estar tranquilo. Si pasa lo contrario, se vivirá otro caso de millonario que pone los pies en polvorosa.
Pero no todas las experencias de la llegada de grandes fortunas a los clubes de fútbol españoles son sinónimo de ruina deportiva y económica. Ahí está la familia Pozzo y el Granada, ejemplo de buena práctica. El club de los Cármenes es uno de los clubes que mejor se mueve tanto en el mercado de fichajes, como en las oficinas. Los dueños del Udinese y del Watford, llevaron al equipo de Quique Pina desde Segunda B hasta la máxima categoría, donde poco a poco se asienta, e incluso, deja de salir su nombre en las quinielas del descenso.

En el extranjero sí funcionan

Curiosamente todo lo que en España son malas experiencias, en lugares como Francia o Inglaterra tienen a estos jeques, magnates rusos o ricos del petróleo considerados como verdaderos salvapatrias de sus equipos.

Algunos buenos ejemplos son los de Sheikh Mansour, dueño del Manchester City; Roman Abramovich, propietario del Chelsea; la familia estadounidense Glazer, dueña del Manchester United; o el estadounidense John Henry, que maneja el Liverpool.

Además, la mayoría de los equipos de la Premier League están manejados por empresas multinacionales con cabezas visibles, algo que no ocurre en ningún equipo de la Liga BBVA.