X
domingo cristiano>

Obispa de Tenerife – Por Carmelo J. Pérez Hernández

   

Los hermanos de la Iglesia anglicana han decidido ordenar obispas -palabra muy fea que habrá que usar porque de momento no tenemos otra para nombrar a las mujeres que accedan el orden episcopal-. Yo no critico tal resolución. A fin de cuentas es congruente con el camino que emprendieron hace años, cuando comenzaron a ordenar presbíteras, otro palabro.

Sobre la solidez del hecho en sí mismo soy más escéptico. Y me vuelvo más receloso aún sobre su consistencia cuando leo que, como parte del acuerdo para dar vía libre a este cambio histórico, se incluye la posibilidad de canjear a la obispa recién estrenada por un obispo varón si la comunidad a la que es enviada no acepta féminas con mitra.

Esto me desconcierta. Seamos serios. Una determinación de este calado, que afecta hondamente a la tradición de la fe, no puede quedar al albur de las negociaciones de mesa camilla. Si es obispa, habrá que mantenerla como tal contra viento y marea. ¿O todo esto es un ejercicio de postureo?
Me parece a mí que esta decisión, en la que han mediado interminables sesiones de toma y daca con los distintos estamentos de los anglicanos, no puede adoptarse bajo la sospecha de ser el resultado de un intenso episodio de diplomacia, equilibrio de intereses comunitarios y relaciones públicas.

Yo esperaba más reflexión, más teología, más argumentación. Menos conveniencias históricas, menos oportunismo, menos sociología. A los católicos nos habría venido bien contemplar un ejercicio de solidez en este tema, de forma que el diálogo y el intercambio de ideas pudiera despertar entre nosotros con el vigor como muchos desean. Dialogar, argumentar, rezar juntos, profundizar… siempre es una riqueza para la comunidad cuando se hace bajo el signo de la comunión.

Pero así no. Obispas con condiciones, tras negociarlo… no. No, porque no es serio. No, porque dificulta el camino a quienes defienden serenamente la necesidad de afrontar con equilibrio la reflexión teológica y eclesiológica sobre esta cuestión. Como un apaño, no.

Sin embargo, Dios saca bienes de lo menos bueno. Dejando al margen el tema de las obispas, la Iglesia católica piensa en estos días en saldar una deuda con las mujeres. Reflexionar con libertad y con transparencia sobre el papel que realmente juegan las mujeres en nuestras comunidades es una asignatura en la que no estábamos matriculados.

Habrá que huir de frases estereotipadas y de lugares comunes para evitar concluir antes de empezar a recapacitar sobre ello que las mujeres ocupan un lugar privilegiado en la Iglesia. Las cosas son de otra forma, no digo que mala, sino necesitada de urgente revisión. Mil ejemplos podrían ilustrar lo que escribo.Hay que hacerlo. Por justicia y por fidelidad al evangelio. Lo de las obispas yo lo aparcaría de momento. Como cuenta Félix, ya hay una señora que le ha pedido poner alguna vez una niña Jesusa en el portal para evitar la discriminación.

@karmelojph