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Obra maestra – Por José Juan Rivero

   

Hace unos días, observaba jugar a mi hija pequeña, y admiraba como desplegaba todo el poderío de su imaginación, de su creatividad, y como toda esa obra maestra se plasmaba en finos movimientos acompasados de su cuerpo. Corría por el parque mientras el tiempo le pedía permiso para acompañarla, todo se detenía a su alrededor. Pensaba como esa armoniosa danza de cerebro, cuerpo y mente podían expresarse con tanta perfección, sin más fin que ser feliz. Cuanto tiempo pasamos dando lecciones a nuestros hijos de cómo deben de hacer las cosas, intentamos plasmar en muchas ocasiones nuestros anhelos y nuestros sueños no realizados en ellos. Sin embargo nosotros, sus padres, nos olvidamos de vivir, de sentir, de experimentar cada momento de nuestra vida.

Hace unas semanas les contaba que quizás lo más importante de la felicidad es valorar en muchas ocasiones la oportunidad de vivir cada momento como único e irrepetible, y que por esa razón debemos de saborear al máximo nuestra vida; pero nuestra vida se expresa en una recopilación de momentos vividos, desde esa oportunidad de poder imitar a un niño cuando corretea por el parque. Llegados a este punto recordé una conversación que mantenía en consulta, donde me planeaban la siguiente pregunta: ¿por qué sufrimos tanto y nos empeñamos en vivir nuestra vida esclavos de nuestros pensamientos? Mientras le escuchaba, meditaba sobre todas aquellas cosas que hacían que mi hija fuese feliz. Quizás muchos de nosotros podemos pensar que son niños, y ya crecerán y sabrán lo que son los problemas. Sin embargo, amigo y amiga, la diferencia radica en nuestra mente, en la gran cantidad de frenos o miedos que vamos poniendo en nuestra vida, en ese lenguaje pesimista que nos cuenta mil historias diarias sobre la importancia de la infelicidad. Nuestra actitud ante la vida, ante lo que hacemos y nuestro pensamiento van a influir en cómo vivenciamos las oportunidades diarias de implementar nuestro bienestar. Por esa razón una actitud positiva nos da la oportunidad de experimentar situaciones, de abrirnos a nuevas experiencias, pero al mismo tiempo nuestro pensamiento positivo, nuestro optimismo, nos permite desbloquear esos miedos aprendidos de nuestras vivencias cotidianas. Por esa razón debemos además de reconocer el lenguaje con el que nos habla nuestra mente, tantas veces cargado de “sí peros”, o de “no puedo”, el conocerlos nos permitirá escalar esos muros para así reescribir nuestros pensamientos y poder potenciar ese optimismo inteligente, lo que nos permitirá mantener la actitud de la oportunidad.

*PSICÓLOGO Y MIEMBRO DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE PSICOLOGÍA POSITIVA
@jriveroperez