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El oráculo de “macrodatos” – Ylka Tapia

   

Entre los oráculos más populares de la antigüedad destaca el de Delfos. Situado en lo más profundo de una cueva en el valle del Pleistos, junto al monte Parnaso (Grecia), la Pitia se sentaba sobre un gran trípode desde donde dictaba sus respuestas a los consultantes, previa entrevista para conocer al detalle sus inquietudes y así invocar a la inspiración “divina”. De esta forma obtenía información para su interpretación y por consiguiente vaticinio. Por tanto, la predicción del futuro es una constante en la historia a la que, a pesar de los avances socioculturales, no hemos renunciado. Es más, ya no requiere de superchería sino de tecnología; luego, ¿puede esta última realmente anticipar acontecimientos?

Con una población cibernauta de 2,4 billones que produce desorbitadas cantidades de contenidos tales como 500 millones de tuits al día, 72 horas de vídeo en YouTube y 216.000 imágenes en Instagram cada minuto, además del llamado Internet de las cosas —la conectividad de los objetos de uso común— que provee de todavía más datos, era inevitable el surgimiento de sistemas que fuesen capaces de predecir el comportamiento: Big Data (en castellano macrodatos o inteligencia de datos).

Estos oráculos tecnológicos sistematizan el volumen de datos para ofrecer información, siendo de obligado uso para las empresas que necesiten predicciones de negocio. Es, además, un mercado emergente que creará millones de puestos de trabajo —se estima que más de 4— y que está cambiando el marketing y, por ende, el consumo. Y no solo este último, también a la sociedad: las ciudades inteligentes lo utilizan para prevenir delitos, mejorar los servicios de emergencia e incluso para un aprovechamiento de los recursos.

Pero al margen de facilitar la toma decisiones —Barack Obama lo incluyó en su segunda campaña para evaluar al electorado—, su mala gestión acarrea peligros. De hecho, algunos especialistas se atreven a apodarlo como “el petróleo del siglo XXI”, lo que significa que debemos prestar atención a nuestra privacidad, sedimento de este nuevo oro negro valorado para 2015 en 132.000 millones de dólares, y cuyas prospecciones gobiernos, corporaciones y multinacionales han autorizado mediante el todavía desconocido potencial de la inteligencia de datos.

@malalua