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Rajoy en Guinea – Por Rafael Muñoz Abad

   

Leía hace algún tiempo algo acerca de un debate en el que se discutía si los negritos de aquella Guinea española tenían que llevar o no ropa interior. Paternalista. Quijotesco. Surrealista. Lo cierto es que el tema no iría a mayores si repasamos las locas consideraciones que el Rey Leopoldo ya tenía con los súbditos de su finca congoleña.

La reciente cumbre africana celebrada en Guinea ecuatorial escenifica los muchos desafíos a los que Africa se enfrenta. Retos medioambientales por la carencia de una legislación que limite los desmanes ecológicos que las multinacionales del petróleo y la minería cometen en Nigeria o Níger. La periodicidad de las crisis humanitarias y sus terribles derivadas; o los repuntes del islamismo y la insaciable expansión de los intereses chinos. De la corrupción mejor no hablar; aunque estamos en España [buenos] para dar ejemplo alguno; o de las constantes amenazas de guerras civiles, la explotación de menores y un sinfín de horrores. Los líderes africanos cuentan esta vez con una rara avis como invitado. Un charlatán lector del Marca que hace dos días pensaba que Santa Isabel era una parroquia de su Santiago de Compostela y que una vez más, haciendo gala de su locuacidad, no ha tenido mejor diarrea mental que hablar de democracia en Guinea ecuatorial o que Africa debe ?avanzar? hacia una integración similar a la europea. La ex colonia española flota sobre un mar de petróleo y ante eso, cualquier disparate verbal parece justificable. Aunque lo más vergonzoso, es que en dos décadas sea esta la primera visita del inquilino de La Moncloa al ex protectorado; lo cual pone en liza el compromiso de nuestra política africana.

Guinea es parasitada por Obiang y el retrasado de su hijo; amigo de coleccionar Lamborghinis y zapatos de Louis Vuitton. Una dictadura sangrienta, cuya bicefalia son los alumnos aventajados de los Amin, Mobutu o Mugabe, que viene a completar el póker de la cleptocracia. Rajoy en Guinea suena a comic de Tintín; pero las sonrisitas y la falta de decoro del señor de los hilillosh tienen la galanura donde empieza la lordosis. Aunque para ser sincero, ya el Kissinger español, entiéndase Bono, solio ser habitual del vuelo de Iberia a Malabo; iría a por cacao?

*CENTRO DE ESTUDIOS AFRICANOS DE LA ULL
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