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De rebajas – Por José Miguel González Hernández*

   

Esta semana se ha asistido al pistoletazo de salida de las rebajas comerciales de verano. Según la legislación vigente, al ser competencia el comercio interior de la Comunidad Autónoma de Canarias, permanecerán hasta el 31 de agosto de 2014. En ellas se podrán adquirir necesidades a las que, de lo contrario, no se tendría acceso, o algún que otro capricho que, por el precio de venta al público al que se ha colocado, nos podemos permitir el lujo de tenerlo. Es cierto que ya no se ven las estampidas a las puertas de las tiendas, o aquella violenta lucha por la tenencia de una determinada prenda de ropa. Pero todavía siguen significando una cita lo suficientemente importante como darse un paseo tranquilo y pillarse alguna que otra cosa. Veremos si la tendencia mejora. Hasta la fecha, el dato interanual del Indicador Sintético de Consumo, que aglutina la evolución de las ventas, el índice de comercio al por menor, la remuneración real y diferentes indicadores de confianza, creció en el primer trimestre de 2014 en el 3,3%. Dicha evolución positiva sólo se podrá consolidar si disminuye el temor a perder el sustento económico a través del trabajo. O si se aminoran las amenazas relacionadas con el recorte de salarios porque el consumo tiene mucho miedo, y el miedo llena los bolsillos, primero de cocodrilos y luego de telarañas. Y el sistema, ahora mismo, no debe ni puede permitirse ese lujo.

A temor de repetirnos, necesitamos instituciones públicas fuertes y capaces. Necesitamos unidades de negocio que ganen en competitividad y rentabilidad día tras día con posicionamientos fuertes en materia de inversión. Necesitamos organizaciones con dotes de credibilidad lo suficientemente importantes como para legitimarse frente a la sociedad. Pero, en este sistema, nos guste más o nos guste menos, necesitamos a alguien que le dé a la manivela del consumo, y eso sólo se consigue con una demanda consolidada al otro lado del mostrador, como nos gusta decir por aquí. Y para conseguir esto, o tienes salario actual o tienes crédito intertemporal. Si se desea afianzar la tan mencionada recuperación, ésta ha de pasar ineludiblemente por el empleo y todo lo que ello implica en relación a su calidad. Empleo que nos permita insertarnos socialmente y no sólo de una forma meramente laboral. Es cierto que, cuando hablamos de demanda, no sólo hay que meter en el saco a la de la vecindad próxima. La dimensión del mercado es la variable clave de cualquier empresa, porque con ella se condiciona nuestro poder de alcance. Gracias a la tecnología, el mercado potencial es el mundo y, desde ahí, lo vamos ajustando hacia el óptimo rentable según nuestras redes de alcance. O se localiza un segmento determinado que permita la personalización del suministro, o generalizas la ambición. Que vivimos actualmente en un país devaluado social y económicamente no es ningún secreto. Que las carteras de pedido se orientan más a la reducción sustancial de costes en lugar de incrementar la excelencia, tampoco. Y es porque, en un sistema económico donde la productividad está bajo mínimos y sólo se incrementa cuando la carga de trabajo excede por encima de nuestras posibilidades sin contraprestación salarial, a corto plazo, lo rápido y sencillo es depreciar. Se hace con las monedas, emitiendo más o menos billete, se hace con los servicios y también se hace con las personas. La particularidad de la productividad laboral en nuestro país es que es anticíclica, de forma que el producto por trabajador aumenta en las crisis y disminuye en épocas de expansión. Es decir, no viene motivada por procesos de innovación, sino por golpes de martillo y cincel sobre la estructura de costes. Y es que tener a parte de la sociedad acogotada hace que se disminuya la reivindicación como modo de mejora con la intención de que se abdique. Luego, ya nos aforarán.
*ECONOMISTA