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Reforma – Por Jorge Bethencourt

   

Quien el mal por su cuenta busca, al diablo vaya a quejarse. Después de convertir la política en un vertedero de insultos, hundir el crédito de las instituciones y arrastrar por el polvo el prestigio social de la vida pública, a algunos les ha entrado por las patas el canguelo de ver como se desmoronan lentamente los logros de varias décadas de pacífica convivencia. Me ha salido una frase más larga que una película de Bergman, pero es cierta.

Como en España la ultraderecha está casi ocupada por el PP aquí no han brotado, por ahora, fuerzas radicales como en el resto de Europa. Han crecido más allá de las fronteras del PSOE e IU, en forma de partidos populistas o antisistema. Y como endemismo ibérico, se han extremado también las tensiones separatistas. Todo ese pandemónium histriónico se desarrolla en medio, además, de una guerra judicial en donde el método de persecución de la corrupción es establecer que todo el mundo es un chorizo hasta que pruebe lo contrario.

Este polícromo mosaico ha producido el hartazgo de la plebe, que tampoco se distingue por su paciencia. Le gente está harta y hablar de política es como mentar el estiércol. Es fácil escuchar decir a personas de cierta edad que con Franco se vivía mejor. Y a los jóvenes, que está democracia es una mierda. Que habría que colgarles a todos. Que “la casta” de los privilegiados vive como dios mientras que la gente común se desloma…. Y así.

El método para empezar a meter las cabras en el corral empieza, por lo visto, acabando con el primer nivel de incompetencia Quieren que los ayuntamientos dejen de ser pequeños mini parlamentos donde una docena de rebenques juegan a las ideologías. Que se dediquen a cobrar tasas e impuestos y a que funcionen las farolas. Para eso el PP pretende sacar una ley que haga alcalde con mayoría a la lista más votada. Como ocurre desde hace décadas con los Cabildos. La idea en sí no es mala, pero me temo que la plaga está demasiado extendida como para erradicarla tan fácilmente empezando por las raíces del poder municipal. Todo el árbol está podrido por la falta de tolerancia, de competencia y de inteligencia. Ojalá tengan suerte en este intento postrero de reparar daños pero me temo que la jodienda no tiene enmienda. Aquí primero tendremos que caernos y rompernos los piños para volver a recordar lo mal que nos va cuando nos desatamos.