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Rencores – Por José David Santos

   

Las refriegas palaciegas en los partidos políticos suelen dejar tras de sí deudas pendientes que, tarde o temprano, se revuelven y renacen. Ahora, cuando, camino de las elecciones de mayo de 2015, todos los integrantes de las legiones de las distintas formaciones se empiezan a organizar, se reavivan esos rejos del pasado, de hace unos cuatro años más o menos, cuando unos ganaron y otros perdieron en las singulares batallas entre los propios para, después, pelearse con los ajenos. Es ahora cuando saltan a la palestra los nombres de siempre u otros que aparentan novedad, pero que ya estuvieron. Es difícil, por ejemplo en Canarias, citar, de momento, a un aspirante a las grandes administraciones que se le pueda catalogar de sorpresa o mirlo blanco de este o aquel partido. A los que nos dedicamos a la información local, nos llega demasiado sarcasmo e ironía cuando conversamos de estos asuntos y se trivializan hasta el punto de llegarnos propuestas alocadas en conversaciones de mentideros de plaza antigua…, que luego se convierten en cuestiones de debate interno; o nos trasladan teorías de querencias y desencuentros que marcarán el futuro de fulano o mengano; o, incluso, nos aseveran con rotundidad qué o quiénes van a gobernar en virtud de tramoyas esquizofrénicas en las bambalinas de comités locales y asambleas varias. Normalmente, nada de eso termina por confirmarse…, y todo lo que animaba la disputa se va diluyendo cual azucarillo en café rancio. Demasiadas veces somos testigos mudos de verdaderas puñaladas -incluso personales- que luego, por el arte de la política, se transforman en silencios o pactos puñaleros. Y ahí se quedan, anidados como un alien en el vientre de John Hurt, los rencores.

Y así, no se puede gobernar. A saltos de cuatro años. A expensas de que se dé una orden para volver a sacar las antorchas a la calle. Y es eso lo que denuncian muchos ciudadanos que, al margen del día a día -a veces canalla- de la política, ya les importa poco quién y buscan más un cómo o por qué. Es cierto que un cartel vende, que el grado de conocimiento de un candidato ayuda para que sea votado, pero quizás ahí todos deberíamos hacer una reflexión a estas alturas de la partida y darnos cuenta de que en la mayoría de los casos ese cacho de carne -lo que somos todos- está destinado a cambiar o dirigir, de una manera u otra, nuestras vidas. Así que menos quinielas y contubernios y más argumentos y, recupero lo dicho hace unos días aquí, más ejemplaridad, que a puñaladas se forjaron más fracasos que éxitos…y no estamos para muchos errores.

@DavidSantos74