X
a veces somos humanos >

Renovación, renovar, renovarse…- Por Félix Díaz Hernández

   

Dormía plácidamente, sesteaba entre sueños un sopor del que era consciente. Faltaban unos minutos para que el toque de diana, a golpe de moderno radiodespertador, pusiera en marcha el desfile de la rutina un día más.

Con los ojos aún cerrados sabía lo que iba a ocurrir, una voz diría: “Son las siete de la mañana, una hora menos en Canarias”, mientras de fondo sonarían unos acordes pretenciosamente reiterados y rítmicos.

Para su sorpresa no ocurrió así, por algún arte de birlibirloque se había retrasado el reloj y sin remisión sonó un palabra que repetía el locutor, una y otra vez, en su primer mensaje de la mañana: “renovación, renovar, renovarse…”. Ya en la ducha, en esos minutos de reflexión, como los chorros de agua que golpeaban su cuerpo se estrellaban contra su piel sinónimos del axioma reiterado.

¿Renovarse no es sustituir algo nuevo por algo viejo? ¿no es volver al sujeto de la renovación a su primer estado o situación? ¿no es lo mismo que reanudar lo que ya existía? ¿actualizarse? ¿modernizarse?

Y entonces, ¿qué motivo había para que quienes expresaban su deseo de renovación parecieran nuevos actores en este teatro, cuando en realidad llevan 20 años entre bambalinas o incluso con papeles secundarios saliendo a escena, una y otra vez?

Ya camino del trabajo sopesaba la depreciación que sufren algunas palabras, los conceptos, cuando son usadas por los hábiles manipuladores del neolenguaje.
Por su parte decidió no volver a usar el vocablo renovación, ya lo habían prostituido suficiente.
Él, por parte, consideró que lo más prudente iba a ser reinventarse.

@felixdiazhdez