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La república de los pordioseros – Por Rafael Muñoz Abad*

   

Narraba con maestría Le Bris en su obra Oro, sangre y sueños, las correrías de aquellos filibusteros que al volverse sedentarios y cambiar el pillaje marítimo por la caña de azúcar, acabarían catalizando la independencia de las Antillas. La piratería y sus “negocios” complementarios son tan antiguos como el hombre y las meretrices. El litoral somalí y la fragmentación de su complicado territorio en pseudoestados o taifaratos gobernados por caudillos, descendientes directos de aquellos señores de la guerra, parece haberse convertido en la única solución que puede ofrecer ley y orden. Somalia, paradigma de estado fallido y posteriormente dejado a la deriva por la comunidad internacional cual caso irresoluble, se ha convertido en un laboratorio donde la ausencia de un marco legal internacional permite que los ejércitos privados, disimulados bajo la moderación de denominarse empresas de seguridad y con oficinas en la city londinense, Dubái y Johannesburgo, se hayan convertido en garantes de gobiernos no reconocidos y nacidos a la estela de los años dorados de la piratería contemporánea. De manera personal tiendo a pensar que el lobby sudafricano de las armas y la seguridad es experto en lo relativo a establecer relaciones simbióticas en los peores escenarios africanos; para con posterioridad y ante la reticencia internacional, ofrecerse como la única solución al problema. Algo realmente maquiavélico.
Ausencia de estado. Eso es lo que viene aconteciendo en la costa libia a rebufo del precipitado derrocamiento de Gaddafi. Los vacíos tienden a llenarse y la falta de un gobierno sólido en Trípoli ha favorecido que facciones armadas se hagan fuertes con el uso del excelente petróleo libio como arma de presión. Torniquete que ya afecta a la economía del país respecto a las exportaciones de crudo. Y de ahí a los primeros brotes de piratería, pocas millas restan. La costa de Libia o Somalia y sus sociedades ribereñas pueden ser cualquier cosa menos la república de los pordioseros de Le Bris; pues manejan ingentes cantidades de dinero y sus relaciones con el crimen organizado, el integrismo y las mafias que regulan el flujo de la inmigración, no pueden descartarse de una manera categórica.

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