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Seguro de vida de amor – Por Arun Chulani

   

Toda pareja que buscara el amor eterno, debía estar allí. Así era, al menos, para aquellos que creían en lo que había en aquel lugar. Dentro del bosque, escondido entre todos los arbustos y los árboles, marcaba la diferencia. Tenía tallados todos y cada uno de los rincones de su tronco, decorados con su inmensa copa de hojas de tonos rojizos. Grandioso. Allí se daban cita las parejas, los enamorados del momento, para dejar una huella de su romance en la historia a través de ese árbol. El gran árbol que encerraba sentimientos, donde corazones y flechas unían dos nombres para la eternidad. El sello de su compromiso, el comprobante de relación y el seguro de vida, según decían, de su amor. Al menos, así lo decía la leyenda: todo amor tallado en un hueco de su robustez era una firma con Cupido para ser atravesado por su flecha, formando así una pareja por y para siempre. En la salud, en la enfermedad. En la locura, en la crueldad. Sin embargo, la continua talla de figuras y nombres en él terminó por debilitarlo. Sin miedo a lo que pudiera pasar, sus hojas caducas se precipitaban al vacío, las ramas dejaban de sostenerse al tronco. Finalmente, y como era de esperar, el árbol cayó. Con él, toda firma y seguro, toda creencia del amor verdadero a través de las raíces del gran árbol. Al otro lado de la balanza, las dudas de los enamorados. ¿Y si con el fin del árbol llegaba el fin de su amor? ¿Sin seguro de vida de tal amor? Toda pareja que buscara continuar, del mismo modo, con su amor eterno, debía tener una alternativa. Encontrar una manera de grabar el porqué de su unión, el enlace que un día aquel árbol consintió. Las fuentes se llenaron de monedas con deseos, y de ladrones con avaricia. Los puentes comenzaron a lucir candados cerrados, con mayor peso físico, en ocasiones, que el amor que albergaban. Otros decidieron dejar la huella en sus propios cuerpos, tatuándose en piel sus nombres: su amor perduraría el mismo tiempo que su cuerpo. Alejados, estaban los locos. Los que no tallaron el árbol, los que no buscaban alternativa. Preferían amar con todo su corazón, sin gritos a los cuatro vientos, ni miedo a soltarse la mano. Arriesgarse a vivir así, sin paracaídas. Sin seguro de vida de amor.
@arunchulani