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el revés y el derecho>

Una torpeza tras otra – Juan Manuel Bethencourt

   

Quiero cerrar el recorrido epistolar de esta temporada, querido Juan, con una tercera reflexión sobre el debate petrolero que, por recurrente, ha terminado por intoxicarnos. Y llegado este punto debo afirmar algo: no entiendo el discurso ni la actitud del señor Brufau, presidente de Repsol. Se supone que a una multinacional con tanta experiencia en todo el globo se le suponen otras habilidades bien entrenadas por el trato frecuente con gobiernos, autoridades locales e interlocutores de todo signo. Sí, también en las artes de la comunicación. Pero hasta ahora lo que ha quedado demostrado es que las explicaciones a la ciudadanía -y no sólo a los cenáculos reducidos de las cúpulas empresariales- a los responsables de la concesionaria de las prospecciones le resultan un engorro, un trámite banal que debe ser despachado por la vía rápida, sin estrategia, sin considerar que el patio común de la opinión pública hoy es global, y que es fácil apreciar hasta qué punto el presidente Repsol afirma en Canarias cosas que en Bolivia, por ejemplo, seria incapaz de sostener. Extraña actitud, ciertamente. La penúltima vino dada por la afirmación previa del ministro-prefecto José Manuel Soria, entusiasta como es habitual en este asunto, que dijo esta misma semana que la explotación petrolera reportaría a las arcas de la comunidad autónoma unos 400 millones de euros anuales en ingresos fiscales. Pues el encargado de desmentirle ha sido el propio Brufau, muy preocupado, en palabras textuales, “por sus números”, es decir, los números de la compañía. Con su mentís, el presidente de la petrolera confirma algo ya sabido, que la legislación española sobre extracción de recursos naturales, léase hidrocarburos u otros minerales, es notablemente laxa, favorecedora del concesionario, poco exigente en lo tocante al retorno de los beneficios hacia la sociedad que soporta los potenciales riesgos. Esto es así y sin embargo el PP no insta a su modificación. ¿A qué esperan? Un abrazo, Juan, y hasta septiembre.