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Tribunal ejemplar – Por Jorge Bethencourt

   

El Tribunal de Cuentas es el órgano supremo para el control de las cuentas del Estado y del sector público. Y como acabamos de saber, el zorro vigila a las gallinas. No es nada extraño que, dedicado a supervisar el imperio de la burocracia -ese prolijo sistema oncológico llamado a invadir cada vez más partes del cuerpo de la sociedad-, el Tribunal se haya visto infectado de los mismos males.

A la vista de la plantilla, parece que todo cristo se ha dedicado a enchufar a sus familiares, parientes y personas piadosas en el organigrama de la cosa. Nada que no hubiese hecho cualquiera de los ciudadanos que se escandaliza de las pajas en los ojos ajenos. Lo anómalo es que sea un órgano encargado de vigilar los vicios de la vida pública quien tan ostentóreamente los encarne ante la tumefacta sociedad española.

Con una plantilla de algo más de 700 trabajadores -manda huevos con la escasez, que diría Trillo- casi un centenar de personas son familiares de ex altos cargos, altos cargos y sindicalistas de la institución. Uno de cada siete. Esposas, exesposas, cuñadas, cuñados, hermanos, hermanas, primos y primas y hasta compañeras o compañeros sentimentales o amigos de la infancia pueblan, según El País, el elenco de una institución encargada de velar por la limpieza de las cuentas.
No es de extrañar que hayan buscado este acomodo porque un auxiliar de grabación cobra 2.300 euros, un encargado de equipo 3.000 y el jefe de prevención y salud laboral casi 6.000 euros mensuales. Normal. Si se dedica a cuidar de la salud de la familia es natural que esté bien pagado. El presidente del Tribunal de Cuentas, Ramón Álvarez de Miranda, ha dicho que no es para tanto que haya uno de cada siete trabajadores enchufados. Pero que se corregirá para el futuro. O sea, pelillos a la mar. Y parece, por tanto que todo quedará tal cual está. No se ha anunciado, que se sepa, ninguna investigación, ninguna sanción, ningún cese, ningún reproche, ná de ná.
Por cierto, el exalcalde de Valle Gran Rey, Ruyman García, cumple condena de cuatro años, seis meses y un día por contratar de forma ilegal a una señora con la que tenía lazos personales.

Si van ustedes para el Sur y les huele mal que sepan que no es la justicia, es la depuradora.