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POR QUÉ NO ME CALLO

El vals de las palabras – Carmelo Rivero

   

Tarde o temprano habrá que llamarla por su nombre. Elegir la palabra que se asocie a la trombosis de la crisis y su medicación. Tendrá su novela, su película y su sambenito; ahora que termina es necesario tildarla. Era un sueño caótico que saltó de Estados Unidos a Europa, y el efecto Madof y Lehman Brothers pasó de una orilla a otra mientras Washington y Bruselas, relajados, daban cabezadas sin velar por su seguridad financiera. No debería resultarnos difícil decantarnos entre los apodos denigrantes del espanto. Del período 2007-2014 (y lo que reste de túnel) recordaremos la conmoción de estos años en multitud de hogares, sus tribulaciones y secuelas. La crisis ha sido un laboratorio de shocks humanos sobre índices sin medición oficial de la pena y la baja autoestima, la esperanza y la desesperación, la mala convivencia y la mala uva bajo la ira de la economía.

El sambenito ha de hacer aflorar de golpe esta batería cuando otro aborto del sistema distraiga mañana la memoria colectiva. Tenemos los tópicos que repetimos como loros: recortes, ajuste, recesión, primas de riesgo, desahucios, paro, empleo, déficit, deuda pública, pero sospecho que la palabra que va a quedar es la de Merkel: austeridad, la celebritie que se lleva el goya de este desastre a la sanguina. De ahí salió la variante austericidio y con ambas mangoneó Europa la canciller antes de ganar el Mundial de Brasil y de que Dilma Rousseff y Putin fundaran, la semana pasada, un FMI ad hoc para sus BRICS, con India, China y la Sudáfrica de Nadine Gordimer (la Nobel contestataria que acaba de irse tras los pasos de su amigo Mandela), en un clima de confrontación incendiaria Rusia-Occidente que el jueves se cobró tres centenares de víctimas en el aire de Ucrania. Todo está en el aire. El mundo está en el aire. La austeridad, en cambio, sigue en pie, pese a otra palabra que pide paso: flexibilidad. Cuando Francia se mojó los tobillos en el charco, presionó los dedos contra la palma de una mano y pidió tiempo contra el déficit. El galo-español Manuel Valls demanda otro vals para bailar la crisis. El austeritarismo nos llevó a un estado de caquexia. Estábamos en los huesos y moríamos de paro (cardíaco) día a día, cuando la austeridad devino ideología. Escribir el futuro, se dice ahora (hasta el próximo carnaval lo dice). ¡Pero si ya está escrito! El señor Juncker será fiel guardián de la inexpugnable austeridad otros cinco años, aunque los pedrosánchez, podemos, ius y verdes no lo hayan votado en cruel compañía de los UKIP y Le Pen.