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A vueltas con la corrupción – Por Hugo Luengo

   

En el Índice de Percepción de la Corrupción, con que la ONG Transparencia Internacional, con sede en Berlín, califica los países del Mundo, España ha bajado en un año del puesto 30 al 40, entre los 180 países del Mundo calificados. En la cabeza se mantienen Dinamarca, Nueva Zelanda, Singapur y Finlandia. A la cola, Somalia, Corea del Norte y Afganistán.

Como ya hemos señalado en esta columna, la corrupción es consecuencia del “mal reparto del poder”, cualquiera que sea el sistema político de soporte. De manera que la corrupción actúa como equilibrio natural del poder mal repartido. O sea, que cuanto peor se reparte el poder, más corrupción se genera. Basta referir los países citados de cabeza y cola para evidenciar tal circunstancia.

En términos globales relativos, si bien España no está mal situada, sí es obligado observar su paso del puesto 30 al 40 en un año. En nuestra tesis han empeorado claramente los mecanismos de reparto del poder.

Las encuestas nos dicen que el paro, la situación económica y los partidos políticos, son los tres problemas primeros de este país. La percepción del ciudadano no anda desencaminada en las causas del problema, si bien sus soluciones son complejas.

En nuestra tesis, el mayor desajuste en el reparto del poder en España lo produce el sistema de partidos y su propio diseño institucional. De forma que se ha convertido en el primer agente para generar corrupción. Algunos datos, en el proceso de la Constitución del 78, se primó a los partidos como garantes del sistema.
Esta sobrerrepresentación ha estado en el origen de la disfunción de los 3 poderes, de forma que el Ejecutivo ha ido absorbiendo al Legislativo y al Judicial, concentrando poder y por lo tanto ampliando nuestra corrupción. Tampoco ayuda el diseño del Sistema Electoral, que traslada el poder ejecutivo de facto, a la Aristocracia de los Partidos, concentrando totalmente el poder real de decisión.

A su vez España presenta un grave problema, cuando se traslada al ámbito de los territorios, donde no sólo se repite el problema con los partidos nacionalistas, sino que ello se traslada asimismo al mundo de la economía. Produciendo un nuevo problema de corrupción, al segmentar los mercados y los sistemas normativos que los regulan.

No es aventurado por ello entender que el gran problema del equilibrio del país, reflejado en el “desajuste del gasto público”, por encima ya del 50% del PIB y con la deuda pública en el 100% del mismo, sólo puede ser realmente abordado controlando la corrupción, esto es produciendo un mejor reparto del poder y por ello actuando con claridad sobre los problemas que hemos señalado, principalmente sobre los Partidos y su marco Institucional.

No anda desencaminado Podemos, en la identificación de problema y como dice, en las “castas” que lo sostienen. Ni se equivoca el ciudadano de a pie, alejado de los partidos, que sin legitimidad vienen realizando las políticas contrarias al voto que los eligió. Buena definición para la corrupción: ejerzo el poco poder que me das al elegirte y haces lo contrario con mi voto.

Esta desafección con el sistema empieza a producir sus efectos. El cambio de monarca, el fenómeno Podemos, los nuevos partidos, los problemas territoriales, Europa, la adaptación a la globalización, la unificación del mercado, nos enfrenta a la corrupción.
Que sólo se mejorará repartiendo mejor el poder y por ello actuando sobre los conflictos que lo generan.