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EL CRÁTER>

Abrazos – Por Juan Carlos García

   

Probablemente, usted, estimado lector, apreciada lectora, se encuentre ahora, una vez más, con el brazo acodado en la barra de una cafetería –no tiene por qué ser la que frecuenta habitualmente- o se ha sentado en una terraza para tomarse un barraquito, o alguna bebida refrescante para aplacar las temperaturas de este agosto. Quizá se halla apurando los últimos minutos previos al momento preciso de encaminarse a su destino de asueto, bien a medio camino o ya al final del mismo. ¡Y cómo no! Usted, tal vez, sobrelleva la jornada en su estancia diaria, con los quehaceres cotidianos, o se sumerge en la preocupación del presente por la incertidumbre del futuro. Este mes, de idas y venidas, de recibimientos y despedidas, en el que el tiempo y el espacio se desparraman desde su comienzo, se nutre de improvisaciones que alteran, cuando no quiebran, todo lo programado. Durante las largas jornadas de agosto, algunas personas llegan con la intención de no quedarse. Otras se van con la idea de volver. En ambos casos, siempre hay quién lo consigue. Asimismo, unas retornan sin haberse marchado del todo; mientras otras se van sin haber terminado de llegar. Unas esperan la llamada de quien nunca más pretende regresar, mientras otras esperan la partida de quien no desea alejarse. Hay quienes se mudan hacia su pasado y quienes acuden al encuentro del futuro. En estas horas preñadas de bochorno, tras las que se deslizan goterones reparadores, aquí en Canarias se encuentran quienes se acercan para reintegrarse y quienes huyen para revelarse. Quienes aparecen sin haberlos llamado y quienes llaman para excusar su ausencia. Quienes inician el viaje sin despedirse y quienes permanecen esperando el regreso anunciado. Cuando la primera semana de este mes llega a su fin, el devenir de esta parte del año, una vez más, se antoja incierto en aspectos importantes que atañen al grueso de la sociedad canaria. Vienen. Se van. ¿Quién permanece? Y lo más sustancial: ¿Qué permanece? Este mes en el que brotan lágrimas sinceras, merodean risas fingidas y rebosan emociones fervientes es también tiempo en el que se dispensan saludos forzados, se requiebran besos furtivos y se rinden abrazos cordiales.