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ENTRE CORTADOS>

Complementarios – Por Arun Chulani

   

Uno, amante de las ciencias; otro, apasionado de las letras. Lo más desorganizado dentro del orden frente a la organización pura dentro del más odiado desorden. Él, siempre decidido, siempre dispuesto, siempre diciendo lo que piensa, sin pensarlo. Por otro lado, la indecisión siempre dispuesta, siempre pensando lo que se dice, sin decirlo. Completamente opuestos, las barreras de uno chocaban con las del otro en la mayoría de sus puntos altos y bajos: donde uno era éxtasis, el otro era depresión. Donde uno cóncavo, el otro convexo. Hasta en lo físico. Si bien parecía poder ser una especie de química peligrosa, todo miedo de explosión desaparecía cuando se encontraban juntos. A pesar de tanta diferencia en costumbres, en actitudes y en otros tantos aspectos, actuaba de calmante sobre la energía desmedida de él, insaciable e incansable. Era la preocupación sobre la indiferencia, el día sobre la noche. En sus momentos a solas, los defectos que él observaba en sí mismo eran la perfección en otros ojos, y viceversa. Con él, la inseguridad no tenía alas, ni los excesos, poder. Sus barreras quedaban reducidas a cero, haciendo de lo opuesto, complementario. Su complemento perfecto. O imperfecto. Aun por mucha complementación que pudiera darse entre ellos, la activación de la cuenta atrás de la bomba era, en ocasiones, inmediata. De tanto amor que tenían, al odio contenido. De la pareja a la dispareja. Como pólvora en el aire, la tensión de la contrariedad existente también llegaba a ser dañina. Se desmantelaban así los gritos, lo hecho, lo que no se hizo y lo que se podría haber hecho. Los conatos de incendio de la relación llegaban a un minuto de la explosión, pero ahí quedaban. Quedaban como intentos de ruptura a tan solo segundos de la detonación, pasando a la reconciliación. Y así, siempre. Y es que, por mucho que uno fuera de blancos y otro de negros, uno de cama y otro de sofá, eran uno para el otro. No había duda alguna del su mutuo amor, por pocas cosas que tuviera en común. Muy pocas. Lo único que tenían en común era el simple y llano amor que sentían el uno por el otro. Se querían: lo sabían.

Quizás para el mundo eran polos opuestos. Ellos preferían llamarse complementarios, sin nada en común más allá que quererse. Que su amor.

@arunchulani