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Un dato preocupante – Por Leopoldo Fernández

   

Según el Observatorio Vasco de la Juventud, el 26% de los jóvenes de esa comunidad autónoma -en la práctica uno de cada cuatro- se muestra partidario del uso de la violencia para la defensa de ideas políticas o religiosas. Paradójicamente, ahora que desde el otoño de 2011 parece erradicada definitivamente la violencia terrorista -que puede ser identificada con la violencia política-, resulta que la postura de la juventud de esa comunidad autónoma favorable a la mentada violencia (a mi juicio mucho menos concienciada por la religión que por la política), ha pasado de representar el 15% en 2008 al 26% en 2012. Se trata de un crecimiento preocupante, por su elevada proporción. A juicio de dicho Observatorio, la difusión mundial de imágenes sobre las primaveras árabes, en las que los manifestantes reclamaban mejoras democráticas y económicas, puede haber influido en la percepción por la juventud del uso de la violencia para la defensa de los derechos humanos y de objetivos políticos tenidos por justos. No creo yo en este argumentario, entre otras cosas porque las primaveras árabes bien pronto se convirtieron en un invierno dictatorial cerrado e islamizado, situado en las antípodas de lo que inocentemente muchos pudieron pensar tras su inicial y esperanzador estallido. Por el contrario, considero que la violencia política practicada por ETA durante medio siglo de nefasta historia creó un caldo de cultivo que aún perdura, aunque sea en sus últimos estertores, y que durante años ha contaminado fuertemente todo el cuerpo social del País Vasco. Hasta tal punto ha sido así, que la sociedad euskaldún ha parecido, por su relativa concomitancia con ese grupo terrorista y con algunas de sus múltiples organizaciones, una colectividad enferma. Por miedo, por temor, por blandenguería, por cierto grado de complicidad, pocas veces el pueblo vasco se ha levantado directamente y con determinación contra la banda asesina. La presencia de grupos pro etarras en las instituciones y la tolerancia y apología de ciertas actitudes reflejan de algún modo una realidad política que se configuró al principio bajo el señuelo de la lucha contra el franquismo, travestida luego en una batalla contra la democracia y el Estado de Derecho. Queda mucho por hacer en este terreno y la encuesta que comento así viene a confirmarlo con el apoyo a la pena de muerte (que defiende el 16% de los jóvenes) y con el indisimulado aval a las organizaciones próximas a los terroristas. Sería bueno no bajar la guardia y seguir combatiendo con la ley ciertas prácticas totalitarias que siguen latiendo en el alma del abertzalismo más radical e independentista, posiblemente el mayor y más silencioso enemigo del noble pueblo vasco.