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¿Derecho a la vida? – Por Asunción Frías

   

El capitalismo financiero global sigue generando pobreza y desigualdad. La minoría que maneja los hilos del sistema, principal responsable de la crisis, es quien más se beneficia de la misma, ya que ha incrementado su riqueza a costa del empobrecimiento de la mayoría de la población. Por eso seguimos repitiendo, por activa y por pasiva, que “no es una crisis, es una estafa”. Bastante sabemos de ello en Canarias, donde la burbuja especulativa, agudizada por un débil modelo económico, absolutamente dependiente del exterior, ha disparado la tasa de paro.

A la vez, los gobiernos han recortado en derechos sociales, lo que está generando más pobreza y exclusión. Unas pocas familias de caciques, en complicidad con multinacionales foráneas, siguen sacando jugosas ganancias en este mar revuelto, mientras que las demás vemos como se reduce considerablemente nuestro poder adquisitivo. Según la Encuesta de ingresos y condiciones de vida de los hogares canarios en 2013, elaborada por el ISTAC, el 23% de la población del archipiélago está bajo el umbral de la pobreza, lo que supone un aumento de cuatro puntos respecto a 2007. Mientras, el Índice de Gini, que mide la desigualdad económica, ha pasado de 0,29 en 2007 a 0,34 en 2013. Es decir, si en el mundo crece la brecha entre los de arriba y las de abajo, en Canarias también. La historia ha demostrado que el equitativo reparto de la riqueza no se logrará por medio del capitalismo y su mano invisible. No hemos de dejarnos embaucar por el discurso del poder que nos hace repetir el mantra “no hay dinero”. El dinero es como la energía, ni se crea ni se destruye, se transforma o, dicho de otro modo, cambia de bolsillos. Por ejemplo: los euros que durante meses han dejado de percibir los miles de familias que tienen derecho a cobrar la Prestación Canaria de Inserción (PCI) no se esfumaron en el aire. Esos millones están guardados en algún banco o los están gastando en machangadas. Mientras los mismos de siempre acumulan o derrochan la riqueza, hay personas que no duermen porque no saben si mañana encontrarán comida para alimentar a sus proles. Después de años buscando, ya no sueñan con conseguir empleo; el sistema las ha condenado a elegir entre malvivir y morir. ¿Dónde y por qué perdieron ellas, sus hijas y sus hijos el derecho a una vida digna?

*Concejal de Sí se puede en el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife