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Un diamante en bruto

   
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Y. R. | Santa Cruz de Tenerife

Fotos A.G.

Santa Cruz de Tenerife ha tenido que esperar casi 20 años para poder ver la apertura oficial al público del Palmetum, lo que no significa que todo el trabajo esté ya finalizado. De hecho, a esta joya biológica, que guarda en sus entrañas los restos del antiguo vertedero que había en ese mismo punto, aún le quedan, por lo menos, diez años para alcanzar su madurez y verlo en todo su esplendor, según explica Carlo Morici, biólogo experto en palmeras que ha trabajado en el proyecto del Palmetum desde prácticamente su comienzo.

A esto hay que sumar las grandes dimensiones del jardín, de 12 hectáreas, lo que dificulta el trabajo, que ya es de por sí más complejo que el que se realiza en cualquier parque de ciudad. “Es normal que haya partes incompletas aún porque es tan grande que no hay manera de hacerlo en dos días y ahora hay que seguir”, indica Morici. “Además, todo lo que se planta aquí lo producimos nosotros, no lo compramos, y la capacidad de producción es limitada”.

En la actualidad, de la zona más importante del jardín, el 80% está ya plantado y falta el 20% restante, así como la parte más decorativa y estética, aunque este es un aspecto más secundario en estos momentos. También hay muchos taludes aún por terminar, en torno al 40%, como los situados en el acceso secundario al recinto y donde la intención es plantar más especies de la zona Caribe y también flores que resulten llamativas desde el exterior del recinto. “Tardaremos años para que esto sea un bosque completo, tenemos espacios para seguir desarrollando. El jardín aún es joven, habrá más plantas y más sombra”, señala Morici, como la zona de Asia, Borneo-Filipinas, Nueva Guinea y parte de la de Caribe.

Impulso municipal en 2015

El acceso principal del Palmetum y su acondicionamiento y mejora es la prioridad en este momento. Así, el concejal de Hacienda y presidente de este parque botánico, Alberto Bernabé, informó de que “la vocación municipal” es incluir en los presupuestos del año que viene una partida para no solo el mantenimiento ordinario del espacio sino también otra para “mejorar algunas de las zonas ya abiertas y ver incluso si podemos aspirar a abrir alguna otra más”. La idea es que estos nuevos fondos vayan destinados a mejorar este acceso principal, que reunirá una pequeña muestra de la flora del municipio, de Anaga en concreto, vegetación de especies canarias y una parte empedrada.

Mientras, en lo que queda del actual ejercicio se procederá a nuevas plantaciones, el arreglo de una grieta en la cascada y mejoras en la cartelería y señalización, apunta María Flores, ingeniera de mantenimiento de la ciudad. Reconocen que la cartelería y la información es una de las asignaturas pendientes del parque, aunque añaden que en breve saldrá un nuevo tríptico para los visitantes, pero que a la página web aún le falta más tiempo para estar lista.

Es Palmetum es un ente vivo que jamás dejará de evolucionar y cambiar y que tiene sus propios ciclos y ritmos, al contrario que un parque. Es por eso que quienes lo gestionan buscan también “el aspecto salvaje en algunas zonas, de bosque, de selva, que el árbol crezca de forma natural para verlo en su medio natural”, indica Morici, que añade, por ello, quizás pueda parecer que ofrece cierto aspecto de descuido o abandono. “Hay plantas muertas porque su ciclo es corto y nos interesa dejarlas ahí para poder explicárselo al visitante”, explica. “Además, hay que controlar la poda estética al mínimo, porque cuando se corta una hoja se quitan nutrientes a la planta, así que no se puede hacer una poda estética como en una rotonda o en un parque”. En esta misma línea, Flores apunta que “no se puede tener a la planta machada por un valor estético. No pasa nada porque haya hojas secas, a veces son también un barrera natural contra el viento y por eso no las quitamos”.
Ambos descartan así que estas situaciones puedan deberse a un abandono del mantenimiento del parque o a efectos de los gases derivados de los restos de del vertedero que hay enterrados debajo del jardín. “En la montaña hay un sistema de desgasificación que ha ido reduciendo las emisiones. Al principio las emisiones sí generaban una temperatura elevada a ras del suelo y hubo palmeras y plantas que se murieron, pero el suelo ya es adecuado”, apunta Flores. Reconoce que de vez en cuando sale algún gas que provoca algo de mal olor, “pero es mínimo, está canalizado y no supone ningún daño para las plantas ni las personas. De hecho los bomberos han venido y han verificado todo esto”. En esta línea, Morici añade que “hace mucho tiempo que no hay plantas estropeadas por los gases, estamos viendo ya el final de la historia que empezó con el cierre del vertedero”.

Futuro museo

Hay que recordar que el Palmetum cuenta también con una infraestructura que aún no está terminada y que se convertirá en un futuro museo. En este sentido el concejal Alberto Bernabé señala que cuando se decida acometer este proyecto se solicitará la ayuda económica del Cabildo y el Gobierno de Canarias, ya que hasta ahora la inversión ha sido principalmente municipal, descontando los fondos europeos en el inicio del proyecto. Para ello, el Ayuntamiento encargará la redacción de un plan director para conocer el coste de esta obra y de la apertura de nuevas zonas, así como estudiar los posibles usos de la explanada que hay en el área denominada Caribe y que podría albergar diversas actividades o un local de restauración.

Todos estos pasos que se irán dando en los próximos años permitirán que el Palmetum aspire a convertirse en uno de los mejores jardines botánicos de palmeras del mundo.

Labores de mantenimiento y sostenibilidad.

En el Palmetum trabajan diariamente siete jardineros y un encargado que se encargan de todas las necesidades de las plantas del jardín como regar, quitar hojas secas o cuidarlas de las plagas. Pero al parque acuden también otros operarios que realizan labores de mantenimiento cuando son necesarias, en referencia a mobiliario urbano, pavimento, limpieza o alumbrado, explica María Flores. Un punto destacable del parque es que su mantenimiento se realiza de forma sostenible, es decir, no utilizan ningún tipo de veneno o productos químicos. Además, Flores recuerda que los restos de la poda de todos los árboles de la ciudad se hacen picadillo en esta instalación y se utilizan para cubrir las zonas ajardinadas, lo que refresca el suelo, elimina hierbas, potencia los efectos del abono y, además, hace que no se tengan que trasladar esos residuos hasta el PIRS.