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después del paréntesis >

Enfermos – Por Domingo-Luis Hernández

   

Más de una vez se nos ha escapado en público o en privado la frase “este país es infausto”. Y en verdad es injusto, no se soporta ese discurso. Porque el “infausto” no señala a la entidad en su absoluto sino a los que hacen y sustentan al país como tal. Quiero decir, afecta a los ciudadanos que engloban el Estado. De lo cual se deduce que no todos los habitantes de España son infaustos. Eso no solo es preceptivo afirmarlo, también confirmarlo. Luego, algo ocurre.

Y ocurre que en las cuestiones elementales que afectan a la calidad de la democracia, a la libertad o a las prestaciones del Estado la dicha entidad se reciente.

¿Qué sucede? Por un lado, la desmesura de quienes, en atención al juego democrático de que se nutren y por el que se excusan de dar cuentas, se apropian del Estado en provecho de la ideología que sostienen y de la parte del Estado que encubren. Por otro, y por una legitimidad que confirman como universal, que ellos fabrican a su medida, que justifican y que imponen, se creen y actúan con el derecho de sustituir e incluso machacar a los que son Estado, es decir, al común de la gente.

Quiero decir, contribuimos con el Estado. Ahora bien, mis impuestos, lo que me deducen del sueldo en atención al mantenimiento del Estado, es incondicional. Yo no tengo derecho, ni se me permite imponer ese derecho, a opinar sobre su gasto. Por ejemplo (asunto al que ya algunos comenzamos a contraponer algunos miramientos), los gobiernos de este Estado nos obligan a pagar nuestra pensión, o lo que es lo mismo, no nos hacen deducir parte de nuestro sueldo para destinar ese dinero a una empresa especializada en la cuestión (como ocurre en EE.UU.); es el Estado quien por ley retiene semejantes haberes. Y ahora nos enteramos de que el Presidente en cuestión saca unos cuantos millones de euros de ese fondo para otros menesteres o que yo no contribuyo para el futuro sino para pagar las pensiones presentes y asimismo una absoluta barbaridad, algo que (no quepa duda) será denunciado a los tribunales ordinarios y/o a los internacionales si se produce, que es posible que no nos paguen en su momento las pensiones.

Pareciera, calro, que los fondos del Estado salen de la fortuna de los políticos, que son sus dueños. Por eso nada que decir sobre el pago a colegios concertados religiosos o a colaboradores políticos elegidos a dedo o miles de millones a unas cajas de ahorro que fueron supuestamente dirigidas por sujetos impuestos ad hoc y que las hundieron hasta la vergüenza, luego de lucrarse y vivir como reyes. Eso, y no que mi gravamen se dedique a planes de empleo, salvar casas de desahucios, proteger el bienestar de los niños o atajar la pobreza; eso no, bien al contrario, cada vez más diferencias.

Por eso la noticia añadida de que (no el Estado sino) los que se han adueñado del Estado se retraigan a pagar un medicamento por “caro” para salvar la vida a los enfermos de una típica epatitis me parece monstruosa. ¿Cómo calificar la opción dicha en un país de Europa que se jacta de ganar poder político en la Unión Europea? De infame, este Gobierno es infame. Y lo que es peor: nos hacen ver ante los ojos del mundo como siniestros cuando no lo somos.