X
el dardo >

Error sobre error – Por Leopoldo Fernández

   

El Gobierno autonómico sigue erre que erre con la cuestión del petróleo. No es, según las encuestas, el primero o principal entre los problemas más preocupantes para los canarios, que se decantan abiertamente por el paro, la crisis económica, la corrupción y la pobreza. Pero poco importa esa realidad. El Gobierno ha preferido inventarse otra para, irresponsable y demagógicamente, cambiar de discurso para decir hoy digo donde ayer decía Diego. Trata así de obtener rédito político-electoral con un tema delicado y complejo, aun a riesgo de dividir al pueblo llano, crear una alarma injustificada en el seno de la sociedad y tensar las relaciones con el Gobierno del Estado hasta límites desconocidos. Lo cual, dicho sea en honor a la verdad, puede perjudicar, y mucho, los verdaderos intereses de Canarias. Pedir a Rajoy la paralización de los sondeos petrolíferos bajo amenaza de romper en caso negativo las “relaciones institucionales” constituye un ejemplo palmario de la frivolidad y extravagancia con que actúa el Ejecutivo autonómico. Porque las prospecciones son legales, están avaladas por la justicia, presentan riesgos prácticamente nulos, son de interés para el conjunto de España y pueden producir buenas regalías para Canarias; aunque el Gobierno de Rajoy, en especial el ministro Soria, haya actuado con prepotencia y sin el debido respeto institucional. Pero responder a esa actitud con otra similar y chulesca resulta imprudente cuando son tantos los intereses en juego y tan endeble y necesitada de asistencia económica permanente la coyuntura canaria. Los intereses generales no se defienden renunciando al diálogo ni mediante políticas de confrontación o tratando de imponer soluciones a la carta en una cuestión palmaria que no es de competencia autonómica. Si el fin esencial se cualquier Gobierno es servir al pueblo, no veo cómo se puede rechazar cualquier posible beneficio derivado del eventual hallazgo de hidrocarburos en estas aguas atlánticas. Gobernar no es utilizar las vísceras ni los cañones dialécticos, sino actuar responsablemente, con habilidad y prudencia, con tacto político y altura de miras, sopesando los intereses en juego, haciendo buen uso de la autoridad y sabiendo dónde están los límites de la lucha política. Hasta la consulta popular que pretende el Gobierno canario resulta una quimera cuando la ley impide preguntar sobre cuestiones que no sean de competencia autonómica, y la extracción petrolera no lo es. O la interpelación, en ningún caso vinculante, se convierte en sucedáneo tramposo o desde Madrid no se permitirá que se lleve a cabo. Hasta en eso el Gobierno canario se equivoca gravemente por despertar expectativas que no podrá satisfacer.