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Es la hora del realismo – Por Carmen Tomás

   

La bolsa sigue siendo, a pesar de los últimos disgustos, la inversión más rentable. Cierto que el IBEX ha perdido prácticamente todo lo que había ganado en el año y que se ha dejado en el camino 45.000 millones de capitalización y que peligran los 10.000 puntos. Todo esto es cierto, pero nada se ha debido a razones internas. Las escaramuzas de Rusia en Ucrania, los problemas del banco portugués Espírito Santo, los nuevos bombardeos de Estados Unidos en Iraq y por supuesto la entrada en recesión de Italia y el estancamiento de Francia, son demasiadas informaciones para mantenerse al margen. Misión imposible. Sin embargo, la apuesta sigue siendo clara para la última parte del año y ahora puede ser un buen momento para tomar nuevas posiciones a precios más baratos. No exactamente para hacer experimentos sino para apostar por los valores grandes y seguros. Y, sobre todo, con la vista puesta en el largo plazo, si no queremos disgustos con unos ahorros que ha costado conseguir y que no necesitamos de momento, con prisas.

En todo caso, están pasando muchas cosas en Europa que indefectiblemente nos van a afectar. Sin ir más lejos las decisiones que se están tomando contra Rusia ya tiene en pie de guerra a una parte muy importante de nuestro campo. Y no podemos más que estar muy atentos a lo que está pasando en Italia y en Francia hacia donde van una gran parte de nuestras exportaciones. Hay mucha preocupación en el BCE y en el Banco de Francia y supongo que en todos los estamentos de Europa.

También en España, que acaso podría convertirse junto a Alemania en motor de Europa. Ahora nuestras cifras de crecimiento se han consolidado y pocos apuestan por una recaída. Se han hecho deberes importantes, el último la reforma fiscal que dejará en manos de ciudadanos y empresas miles de millones para consumir, invertir, ahorrar o desendeudarse, todas cosas sanas y necesarias para apuntalar la recuperación y la bajada del desempleo, aún muy alto.

Vamos a ver qué ocurre, pero el gobierno tiene que seguir en su calendario de reformas y de reducción del déficit, precisamente para no caer en la misma situación de Italia o incluso Francia. No es momento de ser complaciente y triunfalista. Las cosas se pueden venir abajo por causas ajenas, hasta frenarse y eso sería letal para la confianza ganada con mucho sudor y lágrimas.

Hay que pensar ahora más que nunca en los miles y miles de ciudadanos que aún no han notado la recuperación y que deberían hacerlo en los próximos meses. Es tarea del gobierno procurar con todos los elementos a su alcance que eso ocurra. Además, la marea populista se quedaría sin argumentos, lo cual es otra pata de la estabilidad y la recuperación.