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Esteban March – Por Luis Ortega

   

La subasta en Londres de un Ribera (Santiago el Mayor), tratado antes como “estudio de escuela española”, nos lleva a un asunto abordado en esta esquina: la valoración internacional del Spañoletto, especialmente de su etapa juvenil, que forzó la recuperación por el Museo del Prado de un San Jerónimo en su estudio, depositado en la Casa de Colón de Las Palmas y atribuido a Esteban March (c. 1610-1668). Antes que la limpieza revelara la firma y que el especialista italiano Nicola Spinosa confirmara el hallazgo, se asignó al valenciano, especialista en batallas y temas bíblicos y merecedor de una reivindicación estética; alumno de Pedro Orrente y con taller en 1645, tuvo una selecta clientela a la que respondió en sus urgencias económicas o en sus de “raptos venáticos”, con “muestras de su gran oficio”. Despertó el interés de Marcos Antonio Orellana (1731-1813), que lo incluyó en su Biografía pictórica valentina (publicada en 1930 y reeditada en 1967), y de Martín Soria que, en 1945, le biografió en The Arte Bulletin, de Nueva York. Sin embargo, su notable talento fue revelado por el profesor Benito Domenech en su notable ensayo Una importante colección de dibujos valencianos del siglo XVII (Archivo Español de Arte, 1984), que reivindicó su protagonismo en los círculos locales. Desde entonces, otros especialistas como Hernández Guardiola (1990), Garín Ortiz de Taranco (1999) y el prestigioso Alfonso Pérez Sánchez en su monumental Pintura barroca en España (2002) elogiaron su inteligencia compositiva, y los influjos de Aniello Falcone, Salvatore Rosa y Antonio Tempesta, reinterpretados con evidente astucia; y, también, su minuciosa pincelada y la explosión de su colorido para resaltar el carácter épico de sus representaciones.

Su producción reconocida -apenas una treintena de óleos -no se corresponde con las revelaciones de su principales discípulos, su paisano Juan Conchillos, que lo llamó “sabio lunático” y su hijo Miguel, cuya efigie acompaña al autorretrato paterno en la pinacoteca madrileña. La asignación del San Jerónimo riberesco, expuesto en la institución de Gran Canaria en las seis últimas décadas, tiene justificación por una parecida representación del padre de las ciencias bíblicas y primer Doctor de la Iglesia que vivió entre los años 340 y 420, que se conserva en el Museo Provincial de Granada. En cualquier circunstancia, las asignaciones aparecidas en Canarias y Andalucía no desmerecen de los escasos y magníficos originales que se conservan del bipolar March.